Un cambio “así de chiquito”




Como pocas veces, el mundo petrolero sigue con atención lo que pasa en el cerrado emirato de Arabia Saudita. Al plan de modernización anunciado días atrás, que incluirá una apertura al mercado de capitales de la gigantesca estatal Saudí Aramco, se sumó ahora un repentino cambio del Ministro de Petróleo.

Ali al Nuaimi, hombre fuerte del reino y referente de la OPEP durante los últimos 20 años, fue desplazado de ese cargo por decreto real. Lo reemplazó Jalid al Falih, un delfín del cada vez más poderoso príncipe Mohamed bin Salman, segundo en la línea sucesora y arquitecto de las reformas con las que busca diversificar la economía de su país.

Para los ojos de occidente, el cambio no es promisorio. Según recogió el diario Wall Street Journal de distintas fuentes en la OPEP, la línea de Al Falih está orientada a mantener a rajatabla el cupo de mercado de Arabia Saudita, principal país exportador de crudo.

Esto va en contradicción con la línea más “concertista” que venía ensayando Al Nuaimi, que al menos mantenía conversaciones con las potencias petroleras –intra y extra OPEP– para congelar la producción de petróleo y reducir la oferta, en busca de que suban los precios.

Para calmar ansiedades y a pocas horas de haber asumido, Al Falih sostuvo que su país “mantendrá su política petrolera estable” y tratará de “reforzar su posición como proveedor de energía más fiable del mundo”.

“Estamos comprometidos con satisfacer la demanda actual y adicional de nuestros clientes mundiales, cuyo número no para de aumentar, utilizando nuestra capacidad” de producción, aseguró Falih.

Sus declaraciones fueron vistas con cierta inquietud por el mercado, porque indican que el país no cortará el chorro de petróleo justo en momentos donde hay sobreoferta.

De todos modos, la mayor demanda de China, la caída de la producción no convencional en América del Norte y el enorme incendio que azota a Canadá (ver aparte), colaboraron para que el Brent se mantenga esta semana en torno a los 45 dólares.


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