Un chico que juntaba comida en la basura fue aplastado por la compactadora

La presión le fracturó la pelvis. Está internado desde el 22 de julio en el hospital Neuquén. El hecho fue denunciado ayer por la directora de la Escuela 311, donde el menor, que estaba desnutrido, asiste a clases. La docente dijo que en el establecimiento hay 30 niños que comen en el basural. Caso testigo de la extrema po





NEUQUEN (AN).- Rubén, un chico de 11 años con síntomas de desnutrición, se accidentó en el basural mientras buscaba comida para alimentarse. El niño fue aprisionado por la compactadora de un camión de Cliba, la empresa que se encarga de recolectar los desperdicios que arrojan los vecinos de esta ciudad.

La víctima de la pobreza se encuentra internada en la sala de traumatología del hospital Castro Rendón y tiene fracturados los huesos de la pelvis. Los médicos que lo atienden dicen que se va a recuperar.

El dramático accidente ocurrió el 22 de julio último a las 9.30, pero recién se conoció ayer. La denuncia la formuló Claudia Pérez, la directora de la escuela 311 del barrio Toma Almafuerte, una mujer que convive con el drama de la pobreza, un problema que echó raíces en el oeste de la capital.

Sin metáforas ni eufemismos, la docente describió un doloroso cuadro social. Pérez dijo que al menos 30 alumnos, de los 650 que asisten a la escuela 311, comen regularmente en el basural. La directora tiene pruebas de lo que dice. «Los chicos vienen con las manos llenas de hongos, infecciones en el cuerpo y en los dibujos escolares aparece el basural», expresó la directora En el colegio, además, algunos docentes están bajo tratamiento psicológico para sobrellevar la pesada realidad de Toma Almafuerte.

Manuel Gschwind, subsecretario de Acción Social, intentó aflojar las tensiones con una frase conocida. «Los chicos no comen en el basural», dijo el funcionario y candidato a diputado provincial por el MPN.

Fernando Bulgarelli, director asociado de Servicios Médicos del hospital Castro Rendón, fue directo al grano. «La gente come en el basural. No es un problema de éste ni del anterior gobierno. Lo que sucede es que parece que ahora los medios encontraron el problema», le dijo a «Río Negro».

Rubén cursa el tercer grado de la escuela primaria, tiene siete hermanos y vive con su madre, Ruth, de 48 años. La familia se sostiene con un plan Jefes de Hogar. Es decir que en la casa de Rubén hay 150 pesos por mes y dos cajas de alimentos que le entrega la cartera que dirige Gschwind.

«Lo que le sucedió es porque yo no lo acompañé», se lamentó anoche la madre de Rubén en diálogo con este diario

Lo ocurrido con este chico no es nuevo. El 18 de diciembre de 1999 un adolescente de 16 años murió atropellado por un camión de Garbo Sur, la empresa que entonces prestaba el servicio

de recolección de residuos.

Mientras que desde la provincia y la municipalidad se encontraron ayer respuestas defensivas, la directora de la escuela 311 informó que el caso de Rubén no es el primero. En el basural también sufrieron accidentes otros dos alumnos. Uno de ellos se quemó en una pierna cuando se le adhirió una bolsa de polietileno derretida con la que se calentaba una fría noche de invierno.

La docente dijo que Rubén sufría desnutrición. El dato fue confirmado por el médico Bulgarelli. Pero Pérez fue más allá y relató que en la escuela los chicos se duermen en la primera hora de clase y recién recuperan energías cuando llega la copa de leche.

La directora agregó más datos que apuntalan la triste historia de la escuela 311: dijo que este año la cantidad de chicos que están asistiendo al comedor se duplicó en comparación al anterior.

Pese que Neuquén exhibe indicadores de desempleo más bajos que hace un año, uno de cada cuatro habitantes de esta ciudad y Plottier en condiciones de trabajar tien dificultades para hallar un trabajo y está desocupado o es beneficiario de un programa de asistencia social. Además, el 38,6% de los hogares, que representan a más del 46% de la población de este conglomerado urbano se encuentra bajo la línea de pobreza porque los ingresos individuales son inferiores a los 220 pesos mensuales. Durante la primera semana de mayo este diario publicó un informe sobre los chicos que comen desperdicios en el basural de Plottier. En dos visitas al lugar se detectó a una docena de chicos de entre cuatro y diez años comiendo basura. Las mismas personas que concurren al depósito admitieron que son muchos los chiquitos y también los grandes que viven de los restos de comida y de los materiales que venden en las chacaritas. La situación del resumidero de Plottier fue rechazada por la jefa comunal de esa ciudad y por el encargado de Medio Ambiente quienes sucesivamente dijeron que los chicos no eran de allí y que si eran de la zona no comían los desperdicios. El máximo responsable de la cartera social de la provincia dijo ayer que los chicos no comen en el basural.

NEUQUEN (AN).- El suelo del basural está teñido con el color de las bolsas de basura. La mayoría de diferentes hipermercados de la ciudad. Incluso los descoloridos arbustos que crecen en la árida meseta, y que cercan al basural, toman color cuando estas se vuelan y quedan colgadas entre sus ramas.

Con destreza, hombres, mujeres, perros y chicos, caminan sobre las bolsas. Revuelven en busca de papeles, vidrios, metales y restos de comida. Una brigada de carros -algunos tirados por caballos- esperan la carga en un costado.

Algunas personas tienen el rostro pintado de negro, debido al humo que genera el fuego con el que se calientan. Pasan toda la noche en el lugar. Duermen bajo carpas de nylon. «Y a los pibes no se los puede manejar», aseguran. Después de la medianoche y hasta la primeras horas de la mañana, se produce la mayor descarga de desperdicios. La basura de hogares y los alimentos vencidos de hipermercados, son arrojados al colorido suelo del basural. Los camiones suelen demorar hasta una hora para llegar al sitio de descarga. Porque la gente se cuelga en las cajas en busca de un lugar privilegiado y no los dejan avanzar. Lo hacen para tener mayor posibilidades de seleccionar y acopiar las bolsas, sin que toquen la tierra, para que el «vecino» no las pueda arrebatar.

«En las vacaciones de invierno estuvo repleto de pibes», cuentan en el lugar. «Y no se saben manejar. No tienen cuidado y hacen cualquiera», agregan.


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