Un clásico en la Patagonia

Luego de Viedma, Maximiliano Guerra trae “Carmen” a Neuquén, Regina y Bariloche.



Casi mediodía del 1 de abril. Maximiliano Guerra, estrella de la danza y coreógrafo, espera en Aeroparque el vuelo que lo dejará en Viedma.

Allí, dejó de lado su papel de duro jurado de “Talento Argentino” y subió el viernes al escenario junto a la primera bailarina Patricia Baca Urquiza, su esposa, y el Ballet del Mercosur, y representar un clásico entre los clásicos: “Carmen”, el mismo espectáculo que traerá también a Neuquén, el 6 y 7 de este mes. Y que luego llevará el 9 a Bariloche.

“Carmen” -basada en una novela de Prosper Mérimée y llevada a la ópera por Georges Bizet- evidencia las contradicciones que existían en la personalidad de una joven y rebelde gitana no dispuesta a someterse a los mandatos morales de su época en una sociedad española que la rechazaba y condenaba.

eduardo rouillet

eduardorouillet@ciudad.com.ar

El resto de la compañía, particularmente los técnicos y colaboradores de escenario, tomaron la delantera para armar la puesta, coordinar los detalles de su arribo y alojamiento y todo lo necesario para que en un momento preciso, el salga relajadamente a escena y baile, vuele por el aire, entregue seducción, energía, belleza… “Hay muchas cosas que armar, que coordinar. Esta gira se está planificando desde noviembre y hemos ido buscando las formas para que la compañía llegue por un lado con tiempo suficiente para que los técnicos armen los distintos escenarios, con la carga de vestuario y la mayoría de los bailarines… Yo, por mis compromisos, no pude salir hasta hoy y viajo con la codirectora del ballet (Gabriela González Pucci). Es más, mi mujer tenía un compromiso previo con Buenos Aires Alta Moda, para un desfile en un hotel de Retiro, así que no bailó en Viedma y la reemplazó Julieta Saravia… Esto es como un reloj y hay que armar su engranaje, así todo va funcionando.”

–Requiere un grado muy alto de abstracción en el momento de pararte en el escenario, escuchar la serie de acordes que llevan a tu entrada, y sólo bailar.

–Es un proceder muy interesante. A ver… (Suspira hondo). Siempre digo que el artista es artista todo el tiempo. No solamente cuando está arriba de las tablas. Creo que debe tener arte y creatividad en su propia vida para después llegar al teatro y poder desplegarlos. Ese es uno de los ejercicios que yo llamo también de concentración, de saber y coordinar qué está sucediendo con la producción y al mismo tiempo, luego, actuar despegado de ese tema. Cuando estoy a punto de bailar, ya no pienso si las cosas llegaron bien o no, si el hotel está o hay que buscarlo, si la comida o todo lo que constituye la previa.

–¿Cómo manejás el hecho de bailar con tu esposa, con quien tenés una relación de otro nivel de compromiso, afecto y profundidad que con Julieta, por ejemplo? (Ella, a su lado, sonríe)

–A mí me gusta mucho bailar con Patricia. Es una artista con muchas cosas para dar, para entregar, mucha comunicación conmigo y también con sus compañeros de ballet, lo cual es importante porque ese vínculo es lo primero que el público recibe. Nosotros estamos comunicados y eso le llega a la gente. Por eso le podemos contar la historia. El tema es tener muy claro cuándo cambiar, cuándo se baja el telón del trabajo y empieza el de la vida. Esto lo tenemos muy presente porque, de por sí, nos conocimos bailando juntos. Nuestra pareja empieza trabajando así, por lo tanto cada uno tiene su lugar y sabemos cual ocupamos en la profesión. Pero, y sobre todo, lo que armamos como pareja y como familia… Hay que saber bajar el telón y abrir la puerta de casa.

–¿Y la sobreexigencia?

–No hay que sobreexigir. Si bien yo, en mi trabajo, trato de exigir a todos los bailarines por igual, obviamente, con Patricia le pongo un poquito más de énfasis, no? Por una cuestión de confianza, de saber hasta dónde puedo llegar. Pero, hay que lograr un equilibrio. Tampoco dejar de exigirle porque es mi mujer. Y que ella haga lo mismo conmigo, que también me vea como un colega a la hora de corregir problemas técnicos. Lo de la casa es privado, es cómo nos exigimos particularmente; pero lo hacemos bien, para mejorar, para tener una mejor perspectiva para nuestras hijas (Azul, Zoe y Micaela, esta última del primer matrimonio del bailarín).


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