Un derecho de todos

Es indispensable que se generen ámbitos para ellos.



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En defensa de lo propio

En el año 2000, entra en vigencia la ley Provincial 2.302 de Protección Integral de Niñez y Adolescencia, en la que se establecen todos los derechos de los que gozan todos los niños/as y adolescente de la provincia. En ella se considera el Derecho a la recreación, juego, deporte y descanso. “Artículo 26: los niños y adolescentes tienen derecho a la recreación, al juego, al deporte y al descanso. El Estado implementará actividades culturales, deportivas y de recreación, promoviendo el protagonismo de los niños y adolescentes y la participación e integración de aquellos con necesidades especiales”. Si bien en este caso abordaremos sólo este derecho, es posible su garantía por parte del Estado sólo si se garantizan otros, como por ejemplo el derecho a ser escuchado, a considerar su opinión, y a la participación en todos aquellos asuntos que lo involucren teniendo en cuenta el principio de autonomía progresiva. Es decir que, por parte del Estado, la familia, la sociedad civil, los adultos responsables, tendremos que hacer esfuerzos para que estos niños/as y adolescentes abandonen su rol pasivo y de ser receptivos, para continuar caminando hacia procesos más democráticos y participativos donde sus intereses, necesidades y deseos sean tenidos en cuenta y materializados a través de las políticas públicas. Estas políticas públicas tienen que estar destinadas a toda la niñez y la adolescencia; aquí será importante la concepción de que todos los niños/as y adolescentes son sujetos de derecho, abandonando acciones que tiendan sólo a satisfacer necesidades, para dar paso a las que promuevan garantías de derechos a todo el grupo, niños/as y adolescentes. En lo que se refiere al derecho a la recreación, el juego, al deporte y descanso: es necesario que se garantice por parte del Estado en distintas acciones que deberían ir incrementándose y profundizándose unas con otras, para lograr tal fin. Es cierto que en las últimas décadas el centro de la ciudad se ha distinguido con el diseño y la disponibilidad de espacios, habiendo para ello una erogación presupuestaria específica. Prueba de esto son las plazoletas de la Avenida Argentina, el Paseo de la Costa, El Paseo de Malvinas, entre otros. Estos espacios han sido ocupados espontáneamente por los adolescentes, con el sólo objetivo de compartir y estar con sus pares, disponer de ellos para el encuentro. Es en la etapa de la adolescencia, donde el grupo de pares cobra un lugar significativo en la construcción de la subjetividad, donde el solo encuentro es un momento de creación y de propuesta, donde su manera de ver el mundo es compartida y se diferencia de la de los adultos de diversas y persistentes maneras. Una muestra de esta posibilidad creadora es la capacidad organizativa y propositiva en la recuperación de algunos espacios perdidos, como por ejemplo, el anfiteatro del Parque Central. Pero no debemos desconocer que en la génesis de estos espacios no estuvo la palabra de ellos, no se promovió ningún proceso de consulta acerca de sus necesidades y tampoco se la concibió como política pública para garantizar los derechos de la niñez y la adolescencia, sino más bien como una necesidad para embellecer el centro de la ciudad. Paisaje totalmente opuesto encontramos en los barrios de nuestra ciudad, donde el horizonte pocas veces se colorea de verde, los espacios destinados a la recreación son casi inexistentes, su abandono es notable y su mobiliario es casi inaccesible para el disfrute del tiempo libre. Frente a esto, los adolescentes no se quedan quietos, demuestran su capacidad creativa y su necesidad de visualizar sus expresiones en distintos espacios; muestra de ello son la generación de éstos. Podemos mencionar en Barrio Ciudad Industrial: “El Callejón” “El playón,” entre otros. Éstos cumplen no sólo la función de espacio de encuentro sino también de expresión: se manifiestan en ellos sus expresiones artísticas, construyen su identidad, transmiten sus mensajes a la sociedad a través de grafitis. Esta realidad no es exclusiva del barrio que menciono sino que se extiende a otras realidades barriales. Entre ambos paisajes, el centro y el barrio, existen similitudes: muchos adultos juzgan este espacio de encuentro y de estar juntos como un acto peligroso, entonces surge la figura de adolescente peligroso, chorro, vago, drogadicto, alcohólico. Frente a esto, mi total desacuerdo: debemos reflexionar acerca de que los adolescentes están en peligro ante la ausencia de oportunidades culturales, artísticas y de recreación que repercutan positivamente en su tiempo libre. Es aquí otro momento para que su opinión sea tenida en cuenta a través de un proceso participativo. Así los espacios que se ofrecen en torno a la cultura no estarían vacíos sino que responderían a sus intereses. Un desafío pendiente es cómo generar condiciones de accesibilidad para aquellos niños/as y adolescentes con necesidades especiales, cómo promover conductas integradoras que garanticen derechos, y cómo podría esto materializarse a través de los propios sujetos involucrados. La historia ha corrido... el patio de casa, de la escuela, la calle como espacios de juego se han desplazado y niños/as y adolescentes están ocupando espacios más visibles. Esto nos quiere comunicar algo: los adultos no podemos seguir tapándonos los oídos; su mensaje es claro: necesitan algo, entre el afecto y el límite está nuestra responsabilidad. (*) Licenciada en Servicio Social. Especialista en Derechos del Niño y Políticas Sociales para la Infancia y la Adolescencia

un deber

Generar lugares donde los más chicos puedan hacer actividades, jugar o sólo descansar es una obligación de todos los adultos.


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Un derecho de todos