Un engaño que se disfruta



"Todo lo que han visto es una ilusión: un truco", anuncia el intérprete principal en el final del filme y así uno asistirá a presenciar cuánto de lo que vio está relacionado con lo que verdaderamente ocurrió. "El ilusionista" es la historia de un prestidigitador con grandes cualidades que utilizará sus dotes para recuperar el amor de su infancia.

Her Eisenheim (Edward Norton) es un reconocido ilusionista austríaco. Su popularidad es tan grande que comienza a ser cuestionado por el príncipe heredero al trono, Leopold (Rufus Sewell) quien está decidido a casarse con la condesa Sophie Vonteschen (Jessica Biel). Su obsesión con el prestidigitador se acrecienta al descubrir la relación que lo unió a su futura esposa cuando eran niños y ordena al Inspector Uhl (Paul Giamatti) a desenmascararlo para "moverlo" de su camino. El jefe de policía, deseoso de más poder, iniciará su persecución aunque, poco a poco, comience a dudar de todo lo que ve y de quién es el villano y quién la víctima.

"El ilusionista" se estrenó el año pasado en cines y quizás fue opacada por la desmesura de otro filme con tintes similares, "El gran truco" ("The prestige", Christopher Nolan). Sin embargo logró convertirse en un moderado suceso en todo el mundo, incluido nuestro país. Esto ocurrió gracias a una historia sólida, que rescata las cintas de época sin las pretensiones desmedidas y las vueltas de tuerca exageradas de su "competidora", excelentes actuaciones, sobre todo de Paul Giamatti, que va transformando a su criatura de manera sorprendente a medida que avanza la acción y una factura técnica impecable. El director Neil Burger le imprimió coherencia y ritmo a la historia apoyado en la música de Philip Glass y en la fotografía surrealista de Dick Pope.

Más allá de que el espectador sabe que la trama, tarde o temprano, jugará con el público, "engañándolo" cada vez más, la sensación se disfruta a pesar de lo previsible de la resolución y el entretenimiento está asegurado. Una sucesión de trucos con la única intención de contar una buena historia sin pretensiones ni genialidades innecesarias. (A.L.)


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