Un instrumento vital para la región



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El “cuarto limpio” del Invap en Bariloche, donde se ensamblan satélites.

Todos los instrumentos que viajarán a bordo del SAC-D aportarán información fundamental para muchos países. Pero uno de los aparatos, la Cámara Infrarroja, permite medir eventos de alta temperatura en la superficie terrestre, lo que será de vital utilidad para prevenir y detectar incendios, un problema que cada temporada acosa la zona andina de Río Negro y Neuquén.

“La cámara infrarroja permite desde el espacio detectar puntos calientes. Es decir que tiene una aplicación directamente relaciona con la previsión de riesgo de incendios”, explicó Luis Genovese, responsable del proyecto SAC-D por Invap. “Para esta zona de la Patagonia es muy importante”, agregó Carlos Otheguy, CEO de Invap.

A diferencia de las misiones anteriores, esta es una misión de microondas. En las anteriores misiones el objetivo principal era tomar imágenes ópticas de la Argentina o del planeta. En este caso, la información que se recabe se hará principalmente a través de microondas. A bordo del satélite hay un radiómetro de microondas que fue desarrollado en el país por la Conae que va a permitir medir precipitaciones y vientos en superficie.

También existe el instrumento provisto por la agencia espacial italiana, que relevará parámetros de la atmósfera, el perfil de los mismos y su altura de la atmósfera.

El instrumento francés apunta a medir la radiación que el satélite ve durante su movimiento a través de la órbita.

La cámara de alta sensibilidad es un aparato que permite obtener fotos pero de noche y va a permitir identificar fenómenos como tormentas boreales, iluminación de ciudades y fiscalización de la pesca.

Para llegar al SAC-D, Invap construyó ya tres satélites. El primero fue el SAC-B, lanzado en 1996, que por una falla en el cohete que lo debía poner en órbita, no pudo completar su misión. Su objetivo era realizar estudios de astrofísica y física solar. Luego llegó el turno del SAC-A, puesto en órbita en diciembre de 1998 por el transbordador Endeavour. Era un microsatélite que tenía como objetivo ensayar equipos y tecnologías a usarse en futuras misiones operativas y científicas. Dos años más tarde el SAC-C, el primer satélite de Observación Terrestre argentino, fue lanzado desde Vanderberg en el marco de un acuerdo entre la NASA y la Conae, la agencia aeroespacial argentina. Fue una misión internacional y Argentina pudo obtener imágenes para efectuar acciones directamente relacionadas al diagnóstico, control y cuidado del medio ambiente en el país. Aún hoy, pasado seis años de su vida útil garantizada, sigue enviando información.


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