Un lujo con el silbato



Era único. Qué duda cabe.

Parangonándolo con el fútbol, especie de Castrilli. Un adelantado del espectáculo. Eso fue “Pajarito” Gómez en una cancha de básquet.

Personaje particular. Enérgico, responsable, capaz, dotado de una personalidad inigualable y conducta deportiva intachable. Un ejemplo.

Su foja registra un abanico de actuaciones. Dentro y fuera de nuestras fronteras. Torneos nacionales, internacionales y alguna labor olímpica, como Moscú “80.

A fines del “80, tras más de veinte años, decidió dejar el silbato en forma oficial. Sin embargo, luego hizo otra aparición por la zona, precisamente en el gimnasio de Unión, donde Roca y Regina dirimían un torneo. Mucha gente y jugadores como Larrasolo, Tolú, Gianelli -en los albos-; Spada, Ascenso, Moyano, en los naranjas.

Los de ese calibre, eran compromiso muy pesados para los jueces locales. “Pajarito” se lo bancó como si se tratara de un amistoso en el barrio. Y fue figura central de un partido definido a favor de Regina, con alguna traba en el cronómetro en los segundos finales. “El reloj no va pero lo termina yo”, exclamó. Faltaban escasos segundos y con los dedos de la mano marcó la cuenta regresiva.

Pasaron los años y con varios kilos encima, volvió a Roca. Fue por diciembre del “97, acompañando al periodista Juan C. Meschini (TyC). Se ubicó en la platea allende al sector de cabinas y saludó de pie cuando lo anunció el altavoz.

Mientras miraba el juego (Roca-Peñarol) esbozó su pensamiento al comparar épocas. “El juego de parsimonia y los jugadores parecen demasiado amigos. Se abrazan, se besan…”

Del arbitraje, no titubeó que le hubiera sido muy sencillo desempeñarse en la actual Liga Nacional. “Tienen contemplaciones y dejan jugar bastante. ¡Antes sí que había que dirigir!”.

El corazón, hoy le dijo basta.

Al referato ya lo había largado hace varios años. Dejó su sello, una marca. Una posta que nadie aún tomó.

Alfredo Celani


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