Un negocio sin moral
opinión
Ruth Thalía Sayas participó de un reality. Terminó asesinada.
Cada tanto, la tevé, lo peor de la tevé, suele quedar bajo el foco. Nos escandalizamos de los horrores que se cometen en nombre del rating, de sus contradicciones, de las imágenes chabacanas, de la explotación de las mujeres, de su utilización como simples señuelos para cazar televidentes; del lenguaje, de sus mentiras, y algunas veces, como ocurrió la semana anterior en Perú, incluso de un femicidio que podría guardar relación con un abominable reality show (ver aparte “Televicidio”). La televisión –mejor dicho, el negocio de la tevé– carece muchas veces de moral. Un programa como el reality “El valor de la verdad”, que surgió en el Reino Unido y tuvo apenas dos temporadas, nace de las mismísimas entrañas del morbo. Por unos 6 mil dólares, Ruth Thalía Sayas, de 19 años, o se inventó un pasado de prostitución para ser un personaje más redituable en la pantalla o dijo la verdad, como supuestamente pide ese show que mide las respuestas con un polígrafo, y provocó la ira del novio (algo que ahora está en duda ya que hay quienes señalan que en realidad no eran novios ni ella era prostituta, y que el detonante fue que la chica no compartió el dinero ganado con el asesino). Es cierto también que entre tanto reality show (o programas de chimentos que muchas veces sirven de catarsis para peleas familiares), la tevé ha terminado por anestesiarnos o dejarnos inmunes a tanto absurdo. Ya nadie confía demasiado en esa pantalla. Nadie creerá a ciencia cierta en las peleas del jurado de Tinelli ni se toma en serio las amenazas y opiniones vertidas alrededor de los casos Barbieri-Bal, Rial y su mujer, los Ortega a pleno y el conductor de “ShowMatch”. Es verdad que puestos a oír el cuestionario que tuvo que responder la joven peruana el televidente podía realmente indignarse o asquearse por semejante nivel de preguntas (¿Trabajas en un night club?, ¿Alguna vez has aceptado dinero a cambio de tener relaciones sexuales?). Y es verdad también que sería hora de que la televisión, como industria, haga una suerte de mea culpa y piense hasta qué bajofondo seguirá escarbando en busca del rating y en nombre de esta ‘tevé verdad’ que es cada día más inventada. Pero lo que realmente ocurrió, más allá de los debates y el condenable asesinato de esa joven, fue que la siguiente emisión de “El valor de la verdad”, en Perú, trepó aún más en el rating y lideró su franja horaria. Mal que nos pese, muchas veces el negocio de la tevé carece de moral. Pero las cuentas le cierran perfectamente.
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