Un neuquino con Eulogia Tapia 'La Pomeña'
Rubén Del Punta fue tras las huellas de la mujer que inspiró a Manuel J. Castilla y Cuchi Leguizamón. Sus fotografías están en una expo de la municipalidad.
NEUQUEN (AN).- Eulogia Tapia, en La Poma,/ al aire da su ternura/ si pasa sobre la arena/ y va pisando la luna…
Salta la hermosa. «Cerca del cielo, a tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, está La Poma. Bordeando sus caseríos, pasa el río Calchaquí, con el nombre del heroico jefe indio que luchó contra el invasor español, baja por el valle homónimo buscando el mar, llevando la memoria de la historia y del paisaje». Así describen el lugar los visitantes.
Allí vive Eulogia Tapia «La Pomeña».
Apenas anda por los 58 años y su rostro lleva las marcas de la eternidad. «Es que la Eulogia es muy sufrida» cuentan las mayores de las Tapia, quienes lucen más jóvenes que su famosa hermana.
«La Pomeña» es una zamba escrita por ese enorme poeta Manuel J. Castilla con música del Cuchi Leguizamón y es un retrato sonoro. Un retrato hermoso de esta mujer que los amantes del folclore pensarán que es un ícono ya fallecido, pero que el fotógrafo neuquino Rubén Del Punta siguió, hasta dar con sus rastros.
La halló cerca de su lugar de origen, en Salta.
El arte de la cámara acuñó otro bello retrato (que ilustra esta página). Su imagen, junto a una numerosa serie, puede ser visitado por el público en el subsuelo del Palacio Municipal, en una expo sobre el Norte Argentino.
Adobes de 160 años para la dalia morena
El trigo que va cortando/ madura por su cintura/ mirando flores de alfalfa/ sus ojos negros se azulan.
Del Punta contó a «Río Negro» que cuando ubicó el hogar de Eulogia, en las afueras de la Poma, quedó boquiabierto con los adobes de una añeja casona de arcadas. «Tienen 160 años» según Albino el marido de Tapia, que en esos momentos carneaba un chivito. «No está la doña» le comentó, «anda por Cerrillos donde sus hermanas».
Era víspera del Día de los Muertos, a fines de octubre de 2003. Del Punta miró en derredor y recordó el estribillo de Castilla/Leguizamón:
El sauce de tu casa/ está llorando/ porque te roban, Eulogia,/ carnavaleando.
Don Albino contó las condiciones tan duras de su familia. «Me jugué a unas plantaciones de arvejas y se vinieron plantas raquíticas. ¡Perdí todo..,! en INTA dicen que es una peste…».
Rubén cuenta que la vejez prematura de Eulogia se debe a una vida de pobreza extrema. Su marido trabajó en negro desde siempre, ni pensión tienen.
Y se marchó el fotógrafo tras los pasos de la Eulogia, la halló cocinando para «el almita nueva de los muertos» como le dijo la famosa, que ni idea aproximada posee del éxito de «La Pomeña», su zamba y que es mentada por miles que la cantan de memoria.
Del Punta le pidió retratarla. Enfocó y en ese mismo momento la estrofa le repiqueteaba, mientras buscaba el juego de las luces con las sombras en el pergamino del rostro. Cantaba su pensamiento:
La cara se le enharina/ la sombra se le enarena/ cantando y desencantando/ se le entreveran las penas
La Eulogia estaba haciendo amasijos al horno. Sobre una mesa se abarrotaban las comidas, rodeando a una imagen de la hermana mayor que había fallecido entre los dos «uno de noviembre 2002-2003» (por eso alma nueva) y que requería del ritual: «Le ofrecemos comidas y regamos con bebidas la tumba fresca, pero sólo por los recientes muertos aquellos que se van entre los dos uno de noviembre. Así su almita se va a descansar en paz» le contó la Eulogia.
«¿Sabe lo famosa que es?» le preguntó el neuquino.
En el rancho de La Poma no hay electricidad, poco se entera de quienes han grabado su zamba.
«Sí… sé que me la hizo porque se la gané al Cuchi» le comentó.
Al parecer, hubo un encuentro porque Eulogia es una coplera de las grandes y con la caja, ya a los 18 años, cuando se encontraron con Cuchi era de las buenas. Por sus dichos, Leguizamón le prometió a la Tapia que si perdía («y se la gané nomás»), le hacía una zamba y así cumplió con «La Pomeña».
«Eso me lo contó Eulogia» dice Del Punta… «Y cuentan que la música apareció en Valderrama el boliche salteño».
El grande de Manuel J. remató aquel encuentro:
Viene en un caballo blanco/ la caja en sus manos tiembla/ y cuando se hunde en la tarde/ es una dalia morena.
Beatriz Sciutto