“Un país de macaneros”



La Argentina no es un país bananero, sino un país macanero. El macaneo –del cual hacemos culto– es una de las formas más facilongas de la mentira, como la calumnia, la estadística, etcétera. Nuestro desapego a llamar las cosas por su nombre viene de nuestro período fetal (ahora ya estamos en la adolescencia, ¡bravo!). La Revolución de Mayo de 1810 se hizo en nombre de... ¡Fernando VII!, el rey a quien queríamos reemplazar (incluso el pobre Belgrano debió sufrir una reprimenda de las primeras autoridades patrias por... ¡atreverse a crear una bandera!). Poco después (1820) ya estábamos divididos –y nos masacrábamos– entre unitarios y federales. Lo curioso es que los dos “federales” más relevantes (Rosas y Quiroga) se confesaban mutuamente por carta su vocación unitaria, pero admitiendo que degollaban en homenaje a... “lo que querían los pueblos”, que era el federalismo (y creo que nadie ignora que el de Rosas fue el gobierno más unitario de nuestra historia). A su vez, los que se decían unitarios cuando fueron gobierno ejercieron el mejor federalismo que se podía (Mitre, Sarmiento, Avellaneda). Seguimos macaneando luego, otorgando con exclusividad el título de “pueblo” o “trabajadores” solamente a un indefinible sector de la población (tal vez el más humilde y más moreno), como si los demás no lo mereciéramos (el famoso populismo). Y macaneamos de nuevo cuando hablamos de pueblos originarios (ninguno lo es de un lugar, salvo Adán y Eva o la mona Lucy) en vez de pueblos preexistentes, que desalojaron a otros preexistentes. Y entonces macanear llamando genocida a Roca, que hizo un “paseo por el desierto” (los habían diezmado otras batallas antes, entre ellos con Rosas y Quiroga en 1833), pero sí nos libró entonces de una inminente ocupación chilena (1879). Y sentirse autorizados, entonces, a denominar con el nombre de un paraje (Fiske Menuco) a una ciudad que no existía: General Roca. Y macaneamos de nuevo al llamar “década infame” a la de 1930-40 porque había –es cierto– fraude electoral, pero fue una de las más progresistas de nuestra historia (Justo-Ortiz). Y seguimos macaneando al rasgarnos las vestiduras y hacer como que ignoramos que casi todos los golpes militares fueron apoyados (cuando no francamente reclamados) por partidos “democráticos” y gran parte de la población (1930-1943-1955-1976, por ejemplo). Y volvemos a macanear cuando hablamos (“paga bien”, como en el turf) de 30.000 desaparecidos, cuando todos los organismos de derechos humanos, Conadep, Nunca Más, Muro de la Memoria, Fernández Meijide, etcétera, reconocen menos de 9.000 (obviamente, sobra infamia con uno solo). Hay mucho macaneo más en nuestro lamentable derrotero, pero creo que estos botones valen de muestra. No nos asombremos, entonces, del deplorable arsenal de macaneo de nuestros candidatos presidenciales. Los “pueblos” tienen los dirigentes que se les parecen. El culpable es el que vemos todos los días en el espejo. Horacio Vorraso DNI 5.664.057 Roca


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