Un partido que no puede escapar a cierta realidad

Al PJ de Cipolletti lo define una de las características que es consustancial a ese partido en escala provincial: debilidad en materia de poder.

Y es - desde esa perspectiva - el más débil de los PJ de las cuatro ciudades electoralmente más decisivas de la provincia: Bariloche, Roca, Cipolletti, Viedma.

Es de ellas, el único peronismo que jamás ganó la intendencia a lo largo de la transición. Su último triunfo en ese ámbito se remonta a marzo del "73, cuando por arrastre del retorno del peronismo a la Casa Rosada - Cámpora / Solano Lima y el poder de Juan Perón -, Vicente Cerasuolo llegó a la comuna.

En los hechos, hay casi dos generaciones de justicialistas que no saben del gusto de ganar la comuna vía la gravitación individual de su partido.

Sólo se acercó a ese sitio con el soporte que le ofreció, en el marco del Frente para el Cambio, el MPP, fuerza nacida en Cipolletti y sin duda la más vigorosa de la historia más reciente de la política de esa ciudad.

Por lo demás, el PJ cipoleño no pudo escapar jamás de ser tocado por los graves problemas que aquejan al partido a nivel provincial.

O sea agresivo internismo, personalismo, carencia de inserción en niveles sociales decisivos al momento de las urnas e insólita insistencia en políticas que en detrimento de los intereses del conjunto, sólo procuraron favorecer los de determinados dirigentes. Y fracasaron.

Y hay otra cuestión. Tiene que ver con la previsibilidad en política. Veamos.

Expresión en gran parte de clase media extendida y con expectativas de movilidad social, a la hora de definiciones políticas la sociedad cipoleña se inclina más por el discurso político sustentado por algún poder concreto - MPP / UCR -, que por el proveniente de un partido que como el PJ, vive en continua fricción interna.

Así, no puede extrañar la influencia que el "caso Arriaga" tiene sobre este fisurado PJ cipoleño.

Carlos Torrengo


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