Un paso clave para estudiar el pasado

En El Calafate se conformó una reserva natural de 15.000 hectáreas que alberga una de las mayores riquezas geológicas y paleontológicas de la Patagonia. Participan docentes de la Universidad de Río Negro.



1
#

2
#

3
#

Las tierras forman parte de la estancia 25 de Mayo.

Gentileza

Una de las reservas naturales privadas del país más importantes se concretó en El Calafate. Se trata de una reserva de 15.000 hectáreas que forma parte de la estancia 25 de Mayo, que incluye el casco antiguo hoy transformado en el hotel Kau Yatun. Esto fue posible gracias a un importante acuerdo que concretaron docentes de la Universidad Nacional de Río Negro junto a colegas de la Universidad Maimónides y la Fundación Félix de Azara de Buenos Aires. La reserva ubicada en un área estratégica, al sur del Lago Argentino y a muy pocos minutos del centro de El Calafate, contiene una riqueza geológica y paleontológica como pocas localidades de la Patagonia. Su valor científico radica, entre otras muchas cosas, en la presencia de rocas y fósiles de diferentes períodos geológicos. Sin embargo, entre estos “tesoros paleontológicos” se destacan arrecifes de ostras gigantes y otros organismos marinos de más de 20 millones de años de antigüedad y que son una pieza clave en los estudios que se realizan sobre la evolución de la vida en los mares australes. Consultado por “Río Negro”, el Dr. Silvio Casadío, profesor de la Universidad Nacional de Río Negro, señaló que “las faunas marinas que habitan las aguas oceánicas que rodean Nueva Zelanda, las presentes a lo largo de los dos márgenes que limitan el extremo austral de América del Sur y las que se hallan en los mares antárticos comparten un origen común que se retrotrae a más de 140 millones de años antes del presente. En esa época lejana, comenzó el desmembramiento de Gondwana, un supercontinente integrado por Australia, Antártida, India, América del Sur y África. A partir de ese momento, las faunas marinas del Hemisferio Sur se fueron diferenciando. Sin embargo el tiempo y modo de esta divergencia sigue siendo materia de discusiones entre biólogos y paleontólogos”. La evolución de esas faunas australes está asociada estrechamente a los dramáticos cambios geodinámicos que llevaron al planeta desde las condiciones de “invernadero”, relativamente cálidas, que imperaban sobre la Tierra con anterioridad a los 35 millones de años antes del presente, a aquellas donde el hielo cubrió extensas áreas continentales y oceánicas. En este marco, durante el período comprendido entre los 35 y los 15 millones de años antes del presente, tuvieron lugar modificaciones oceanográficas cruciales en el hemisferio sur. Entre ellas se destacan amplias regiones con aguas frías que jugaron un papel preponderante en el aislamiento y la evolución de los organismos. Casadío señaló que a pesar de las restricciones en las conexiones biogeográficas, la información paleontológica demuestra que durante este período se produjeron intercambios faunísticos entre Nueva Zelanda y la Patagonia, como lo señalan la presencia de numerosos fósiles marinos similares en ambas regiones. En este sentido, la nueva reserva en El Calafate cuenta con importante evidencia geológica y paleontológica cuyo estudio permitiría conocer detalles sobre estas antiguas conexiones. Recientemente Silvio Casadío, profesor de Geología en la Universidad Nacional de Río Negro e investigador del Conicet, junto a colegas del Reino Unido y Nueva Zelanda postularon que la conexión entre la región suroccidental del Pacífico y el Atlántico Sur pudo darse a través de un mar que dividió a la Antártida en dos, lo que permitió acortar considerablemente la distancia que separaba a Nueva Zelanda de la Patagonia. La hipótesis de Casadío y sus colegas se apoya, entre otras cosas, por el hallazgo en el área antártica de McMurdo, al pie de los Montes Transantárticos, de fósiles similares a los que se encuentran en Nueva Zelanda y, entre otras localidades patagónicas, en la nueva reserva en El Calafate. Con la inclusión de la estancia 25 de Mayo (www.kauyatun.com) en el programa de reservas privadas de la Fundación Azara (www.fundacionazara.org.ar) se da un paso muy importante para la preservación del patrimonio natural de la Patagonia y se generen las condiciones para que su riqueza geológica y paleontológica pueda continuar siendo estudiada. “Si a los numerosos sitios de interés científico se agregan la belleza natural y la diversidad faunística y florística de la reserva, no hay duda de que estamos ante un sitio único en la región que requiere una adecuada protección”, concluyó Casadío.

silvana salinas slsalinas@rionegro.com.ar

Gentileza


Comentarios


Un paso clave para estudiar el pasado