Un puente con la Rosada



El bloque de hielo que se levantó entre Neuquén y Nación durante los últimos meses comenzó a derretirse esta semana, tras la reunión que mantuvieron el presidente Néstor Kirchner y el gobernador Jorge Sobisch en la ciudad de Buenos Aires.

No se puede decir que, en adelante, el gobierno provincial y el nacional respiren un clima caribeño. Pero lo cierto es que un acto protocolar realizado en la Casa Rosada, con motivo del anuncio de inversiones en obras públicas, sirvió como excusa para que nadie se sintiera incómodo en la primera cita que las autoridades de Neuquén lograron en los niveles más altos del gobierno central.

En algún momento el contacto tenía que producirse. En última instancia, el presidente necesitaba un encuentro de estas características para contrarrestar las críticas que le formulan a su gestión por priorizar los reclamos de los gobernadores justicialistas, y el mandatario neuquino debía construir un puente con Buenos Aires porque tenía los accesos cortados a los principales despachos de los funcionarios de Kirchner.

Al parecer, la razón estaba del lado del ministro de Empresas Públicas, Alfredo Esteves, cuando declaró, en una entrevista publicada a principios de este mes por este diario, que si el presidente convocaba a Sobisch a una audiencia, el gobernador acudiría "corriendo".

Sobisch finalmente se trasladó hasta la Rosada y aceptó los términos de una breve reunión con el jefe de Estado, compartida con gobernadores de otras provincias.

La aludida declaración de Esteves había provocado una posterior reacción del mandatario neuquino que enmendó a su ministro, al declarar que no se sentía discriminado por Nación -Esteves había dicho que sí-, y por último apareció el jefe de Gabinete, José Brillo, reconociendo que no había contacto con Nación.

Con anterioridad a estas declaraciones originadas en Neuquén, desde la Casa Rosada ya habían disparado contra Sobisch en algunas ocasiones. La más reciente se produjo a partir del proyecto que Sobisch impulsa en la Legislatura neuquina para fijar el precio del gas. En tal sentido, voceros de Kirchner colocaron al gobernador en el rol del "lobbista" de las petroleras, una crítica que aquí se escucha con frecuencia en boca de sectores opositores.

Colocada en perspectiva, esta sucesión de declaraciones formuladas aquí y allá parece haber allanado el camino para provocar el encuentro del miércoles último entre los patagónicos.

En el oficialismo de esta provincia estaban interesados en mostrar una fotografía de Sobisch junto con Kirchner y su gente se encargó de difundirla. Lo hicieron no sólo porque era la primera cita, sino por su valor simbólico. Se sabe que el gobernador neuquino hace un culto de la imagen, tal como sucede con la mayoría de los políticos.

No encuadraba muy bien en el discurso oficial la actitud fría y desinteresada de un presidente por la suerte del gobernador de una provincia "exitosa", tal como el sobischismo define a su gestión. Y del otro lado, Kirchner, aunque no le agrade el perfil político del neuquino, sabe que no puede ignorar por completo a un gobernador, aunque no responda a su proyecto.

La entrevista de Kirchner con Sobisch finalmente desencadenó una sucesión de reuniones del equipo neuquino con funcionarios del gobierno nacional de primer nivel, lugares hasta los que nunca había llegado el gobernador desde que el santacruceño llegó a la presidencia.

De estos encuentros surgieron algunos avances en proyectos de obras públicas, como la pavimentación de la ruta de los Siete Lagos, la reactivación de la industria de agua pesada, y el envío de señales que aquí fueron tomadas como positivas hacia el proyecto del tren trasandino.

Aunque en el encuentro de política no se habló, y en rigor no abundaron las palabras porque se trató de una reunión protocolar, desde la Casa Rosada dejaron trascender un mensaje dirigido al lanzamiento nacional del neuquino.

Voceros de la Presidencia expresaron que si efectivamente Sobisch se transforma en el referente de la centroderecha del país, no hay nada que temer en la lucha de cara al 2007. "Ojalá sea él", confió una fuente con llegada al presidente.

En círculos allegados a Kirchner, Sobisch es observado como un político que tiene dinero e intenta hacer pie en la primera división de la política.

Alguna vez el propio Sobisch, apelando al lenguaje del deporte nacional preferido, se comparó con equipos que compiten en los torneos locales, pero que tienen reducidas chances de obtener el título.

Ultimamente, el gobernador no volvió a hablar del asunto, así que no es posible saber cuál es hoy su club de autorreferencia para medirse en la política nacional.

En la gestión anterior, Sobisch decía que el lugar que ocupaba podía ser comparado con el de Lanús. Tal vez hoy esté pensando en que puede transformarse en Boca Juniors, especialmente porque el Movimiento Popular Neuquino tiene intenciones de reactivar los contactos que quedaron perdidos con el presidente de esa institución, el empresario Mauricio Macri.

Gerardo Bilardo

gbilardo@rionegro.com.ar


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