¿Un queso Gruyere?

Más petróleo es más plata y más crecimiento pero también podría ser más problemas como la contaminación.

HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

En el gobierno neuquino están entusiasmados con las perspectivas que se presentan para la provincia con la estatización del 51% de las acciones de YPF, mientras la oposición local tiende a reacomodarse en función del nuevo escenario. No casualmente el intendente Horacio Quiroga, quien había expresado previamente serias dudas respecto de la iniciativa de la presidenta, moderó en alguna medida su postura al señalar que si la nueva empresa logra una administración profesionalizada lo que se viene puede ser muy bueno para Neuquén. Una fuente cercana al gobernador contó que en el gobierno nacional confían en convertir a Neuquén y sus yacimientos no convencionales en “un nuevo Qatar”, el emirato del golfo Pérsico que nada en petróleo y gas. La Nación y Neuquén sueñan con un horizonte de inversiones importantes en la provincia, se habla de que vienen Exxon, la primera petrolera del mundo; Shell y también de la china Sinopec, segunda en ese país en exploración y explotación de hidrocarburos, todas con miras a asociarse con la nueva YPF bajo diferentes modelos de ‘joint ventures’. Eso sí, la fuente admitió que si se verifican las expectativas el territorio de la provincia se convertirá en una suerte de “queso gruyere” donde prácticamente no quedará lugar por agujerear. “Más petróleo es más plata, más crecimiento, pero también más prostitución, más problemas sociales y más riesgos de contaminación”, explicaron desde la oposición. La gente de Sapag es reticente a admitir que el impacto ambiental de una nueva y más agresiva política de hidrocarburos puede dañar gravemente el equilibrio ambiental en la provincia. Prefieren asegurar que “si las cosas se hacen como es debido y se hacen los debidos controles no tiene por qué haber problemas”. El tema constituye un motivo de preocupación de las organizaciones ambientalistas y de los diputados de la oposición, quienes en general celebraron la recuperación de YPF como empresa fiscal, dejando salvadas sus dudas sobre el particular. Otro tanto ha venido haciendo el obispo Virginio Bressanelli, quien en más de una oportunidad expresó su preocupación y advirtió que “hay temas en los cuales no basta con decir que hay probabilidad de no contaminar, sino que hay que dar la seguridad absoluta de que no hay tal contaminación”. Esta semana, precisamente, el oficialismo legislativo invitó al subsecretario de Medio Ambiente, Ricardo Esquivel, para que explique los alcances de las modificaciones que piensa introducir en la ley de preservación ambiental para lidiar con los yacimientos no convencionales. Aunque trató de llevar tranquilidad sobre el tema, el funcionario refirió que para una perforación no convencional o multifractura “se utiliza arena y agua en mucha cantidad” y admitió que “una fractura convencional utiliza 500 metros cúbicos de agua mientras que una no convencional utiliza 2.500 por fractura”. También reconoció que el agua utilizada “retorna con residuos químicos”. En realidad el tema está aún en pañales y, si se verifican algún día inversiones de la magnitud de las que se barajan en medios oficiales nacionales y provinciales, el impacto será de una escala desconocida y las medidas a adoptar para evitar un desastre ambiental deberán ser de idéntica proporción. Es cierto que en su etapa previa a la privatización la YPF estatal trabajó bastante desaprensivamente, dejando como herencia un pasivo ambiental cuya remediación es todavía motivo de controversia. Pero no es menos cierto que aun en la escala convencional las petroleras siguen afectando el ambiente, sea por la deforestación de amplias superficies producto de baterías y picadas, sea por los derrames que, al parecer, no se han podido conjurar del todo. Una fuente de una de las empresas que operan en el territorio provincial admitió que se producen más de 1.000 derrames por año”. Precisó que la inmensa mayoría son de escasa magnitud y que en todos los casos se procede a su remediación. Pero el dato, de ser preciso, permitiría tener una idea de la magnitud del impacto que podría tener una multiplicación, por dos, o por tres, o más, de la actividad en la provincia. Desde luego, si lo que viene es más petróleo, más plata, etcétera, es probable que su correlato político sea más clientelismo, más mentalidad rentista y… ¿más MPN? Los problemas ¿Cuáles son los principales problemas de la ciudad de Neuquén? Una encuesta que maneja el gobierno municipal da cuenta de que la preocupación número uno de los vecinos no son los lavacoches (que, dicho sea de paso, Quiroga ha logrado desalojar de la vía pública) sino el transporte, la falta de obra pública, el estado de las calles y la corrupción. Los lavacoches están recién en el quinto lugar, seguidos por el tránsito. En tanto, el 50% de la gente piensa, según el sondeo municipal, que es correcto que la comuna les consiga trabajo a los ‘trapitos’ que saca de la calle. Medidas las mismas preocupaciones en el ámbito provincial, la número uno es la falta de viviendas, seguida por la falta de trabajo y la inseguridad. La contaminación ocupa en esta escala el cuarto lugar. Según la gente del intendente, la encuesta tiene un mes y lo del transporte se estima que ha tendido a atenuarse por la incorporación de la nueva flota de colectivos. Por lo pronto, parece que Quiroga ha tomado nota de los reclamos por la obra pública y el estado de las calles porque se apresta a enviar al Concejo un plan de pavimentación, financiado con los fondos petroleros, de unos 30 millones de pesos.


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