Un ‘refuerzo’

Todos esperan ver en la cancha a Matías, incluso Perilli. ¿Qué diferencia hay entre el Pescadito y las incorporaciones anteriores?

Por Redacción

El ‘fenómeno Matías Urbano’ supera incluso la mismísima actualidad de Cipolletti. Los dirigentes auguran buenas recaudaciones, el cuerpo técnico espera realizar una campaña para recuperar el terreno perdido y los hinchas volverán a la cancha. Será recién el 1 de setiembre, por la tercera fecha del Argentino A, porque en las dos primeras actuará como visitante. (Ver página 36)

El delantero cobrará una cifra interesante de dinero por mes y será el líder futbolístico, desde ya uno de los pocos refuerzos de los últimos años que llegó para ponerse la camiseta y jugar.

El tema de sumar caras nuevas a un plantel es interesante. Nadie tiene una fórmula que asegure que el jugador nuevo rendirá como se lo espera, que devolverá en la cancha las ilusiones que se posaron en él. Ni siquiera Urbano puede asegurar que repetirá las campañas que lo convirtieron en figuras del fútbol de elite chileno, colombiano y ecuatoriano, entre otros.

Domingo Perilli tiene una llamativa forma de ver las cosas: desde su óptica, el término “refuerzo” está mal utilizado. “Al que llega le decimos incorporación. Después en la cancha se ve si refuerza o no al equipo y su estilo”.

“¿Y Urbano?”, se le preguntó al DT. “Es el único caso en todos los años que dirijo a Cipolletti que le llamaría refuerzo antes de verlo jugar. Su trayectoria y su espíritu de lucha, de siempre querer ganar, lo hacen un caso especial. Además, la identificación del hincha con él es total. Estoy seguro que si la dirigencia hubiese incorporado a Klussener (goleador del Argentino A) en vez de a Matías, a la cancha vendría la misma cantidad de gente del torneo pasado”.

El entrenador entiende que Urbano posee algo que a su edad (32) es una característica en extinción: “El espíritu amateur, quiere ganar y hacer goles hasta en los reducidos. Y eso es una inyección anímica para todos el plantel”.

Otro muestra: el delantero ayer se presentó a entrenar por la mañana a pesar que le habían dado licencia por el fallecimiento de su hermano, que se produjo el lunes.

Es difícil dar en la tecla con los refuerzos. Perilli tuvo tres ciclos al frente de Cipolletti y nada menos que nueve temporadas y media, con un ascenso (del Argentino B al A), una final y otra semi (en el A). Según dice, en todos esos años nunca le trajeron un refuerzo de los que pidió como prioridad uno. “Siempre en la lista de arranque están los jugadores de elite de la categoría, y todos los técnicos los quieren. Pero se van a donde hay más dinero. Y acá nunca vinieron. El caso de Matías es extraordinario, porque inclinó la balanza su amor por el club”, remarca el DT.

Recuerda muchos nombres que se incorporaron, pero desde su punto de vista tres jugadores rompieron el molde y terminaron rindiendo más de lo que se esperaba en la previa: Manuel Berra, que llegó en julio de 2007 de Independiente de Neuquén; Roberto Muñoz, desde Centenario; y Leo Larenas, que venía de jugar Lifune en Villa Iris.

Desde el regreso a la categoría, en 2007, son muchos los refuerzos que pasaron por el Albinegro sin dejar huellas: Juan Vogliotti, Juan Carazo, Daniel Carou en su segunda etapa. Pero las malas incorporaciones se profundizaron en el época pos Perilli. Marcelo Yorno sumó a Ezequiel Petti, Gustavo Bordicio, Geremías Attadía y Franco Valori, todos de floja labor.

El Mosquito se tuvo que ir antes y asumió Lorenzo Frutos, que tampoco le acertó con Luciano Vázquez (llegaba con fama de goleador de la categoría), Marcos Royo, Mauricio Domínguez y el retorno de Julio Ibáñez. Sí con Henry Sáez (que venía de ser goleador de liga Confluencia y ahora es un atacante importante en la categoría) y con Oscar Negri, que con el correr del tiempo se destacó y se mantuvo en los ciclos siguientes.

El arranque de la época de Rogger Morales fue con relativo éxito porque el equipo se hizo fuerte en el césped sintético de la Visera pero acumuló la peor racha de visitante de la historia. Entonces, comenzó a bajar. De los considerados refuerzos, el retornado Guillermo Ferreyra, Nicolás Alegría, Santiago Vergara y Germán Alecha cumplieron con las expectativas, pero pasaron sin penas ni gloria Tomás Fonseca, Luciano Varaldo, Adrián Benito y el Toto Méndez; Manolo Berra y Negri tuvieron un flojo desempeño, pero Mingo les ratificó la confianza.

Ahora todo el mundo cipoleño habla y respira por Urbano, pero en el cuerpo técnico esperan que Ezequiel Lamolla y Manuel Madrid armen la muralla en el fondo y que Facundo Salinas y Javier Solís (ambos del Rojo de Neuquén) se conviertan en la apuesta que se gana. Ahí está el valor agregado de una campaña. (AC)

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