Un regalo de Egipto
En su reciente –y muy publicitada– visita a Egipto, el nuevo rey de Arabia Saudita, Salman, recibió de pronto un controvertido “regalo”: el reconocimiento egipcio de la soberanía saudita sobre dos pequeñas islas, deshabitadas y áridas, que están emplazadas estratégicamente en la boca misma del golfo de Aqaba. Ellas (Tirán y Sanafir) controlan geográficamente el acceso al Mar Rojo.
Esa feliz circunstancia le fue comunicada discretamente por el presidente de Egipto, el mariscal Abdel Fattah al-Sisi. Y deberá ser ahora ratificada por el Parlamento egipcio, que el presidente al-Sisi controla sin mayores dificultades. La realmente masiva asistencia económica y financiera saudita a Egipto es la que hoy mantiene a flote al frágil gobierno de al-Sisi.
En los últimos seis años, hubo once distintas ruedas de negociaciones sobre el diferendo de soberanía relativo a las mencionadas islas.
Tan pronto se conoció el reconocimiento egipcio de la soberanía saudita, se desató un vendaval de críticas y protestas callejeras, en abierta desaprobación a lo acaecido. Contra el presidente que en su momento fuera el responsable del golpe de estado de julio de 2013, que pusiera fin al gobierno islámico faccioso del presidente Mohamed Morsi, producto, a su vez, del monumental caos que desatara la llamada “primavera islámica”, en el 2011.
La posesión de las dos islas aludidas había sido transferida a Egipto por Arabia Saudita ya en 1950.
En 1967, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser bloqueó desde ellas el paso de los buques israelíes a través del estrecho de Tirán. Lo que contribuyó a que se desatara la llamada Guerra de los Seis Días, en la que los israelíes propinaron una inolvidable paliza militar a las fuerzas egipcias. Hoy hay en las islas un pequeño destacamento de militares y civiles norteamericanos, como una suerte de garantía de que se mantendrá la libertad de navegación a través del estrecho.
Sin mencionar detalles, el rey Salman aprovechó su visita para confirmar que se construirá un largo puente (de entre unos seis a diez kilómetros de largo) sobre el Mar Rojo, que unirá a Arabia Saudita con Egipto y que naturalmente generará una nueva dinámica de comunicaciones y transporte en toda la región, acercando enormemente a Israel y Jordania a los dos países antes nombrados. Con impacto geopolítico, entonces. Las obras se encararán en conjunto, con financiamiento saudita, claro está. Hablamos entonces de un proyecto realmente faraónico, de un impacto regional muy trascendente.
Para al-Sisi, hoy bastante poco popular, fundamentalmente atento al mal estado de la economía egipcia, las protestas son preocupantes. Porque se edifican sobre el fuerte desencanto que existe respecto de su gestión, que es producto del descontento generalizado consecuencia del bajo nivel de la actividad económica. Y de la fuerte caída del turismo, atribuible al temor a los atentados terroristas.
* Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas