Un retrato del poeta más complejo

Fue historiador, novelista, escritor, político, orador, biógrafo y esteta. Fue tan admirado como criticado por sus cambios y su nacionalismo. "Lugones es una síntesis difícil, en él hay de todo", explica Tejeda.



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Su pluma fue fértil. Publicaba ensayos, traducciones y artículos.

Muchas veces los hombres ingieren en el medio histórico, otras los sofoca por completo. Por ello es que al recordar el 135 aniversario del natalicio de uno de los más grandes escritores que tuvo la República, Don Leopoldo Lugones, es necesario conocer el ambiente donde recibió las primeras sensaciones de la vida que habrían de dejarle huellas imperecederas en su espíritu y que más tarde supo traducir en más de una de sus notables obras. A pesar de la evolución cíclica de sus ideas políticas, como sus constantes mutaciones de carácter literario, habremos de comprender el "retorno" en su edad madura, hacia las vivencias y sentimientos de su solar nativo. Pudo cambiar en sus años mozos, pudo tal vez alejarse física e intelectualmente del pasado histórico y cristiano de su cuna, pero lo que no ha podido ha sido olvidarlo, y retornó a él, precisamente, cuando más sufría y cuando más abatida estaba su alma... Y allí, tal vez como el poeta lo quiso, descansa su alma al pie del Cerro del Romero, que enmarca la vieja aldea del Río Seco, hoy declarada "Ciudad Real de la Poesía" en su homenaje.

La Villa de María del Río Seco fue cuna del poeta un sábado 13 de junio de 1874. En aquellos días la transitaban jefes y correos en un agitado movimiento propio de la época. Heroísmos y pasiones susurran todavía al oído, acontecimientos que pertenecen a la historia y a la leyenda. En Barranca Yaco fue asesinado por Santos Pérez, Facundo Quiroga; allí saben donde vivieron los hermanos Reinafé.

Posteriormente en los aledaños del villorrio, durante la triste noche argentina, perdió su vida y su cabeza el Supremo Entrerriano: don Pancho Ramírez, defendiendo con guapeza la vida de su manceba "la Delfina", bella amazona que logró salvarse. Y se agolpan los recuerdos de nombres famosos. Lavalle, perseguido por Oribe, cruzó las callejas del pueblo, y hasta se asegura que se detuvo y "paró" en casa de parientes del poeta allá por 1840. Todos estos episodios, a veces confundidos con la leyenda vendrían a ser después, los primeros relatos que oiría Lugones.

Al promediar el año 1886, la familia resuelve enviar al niño a la capital provinciana: Córdoba, centro de doctores y teólogos. Durante su permanencia en ésta, hospedaron al joven en casa de doña Rosario Bulacio de Arguello, su abuela materna. Asistió a la escuela particular de don Ignacio Garzón, con quien concluyó sus estudios primarios. Pasa luego a ser más tarde, alumno del viejo Colegio Nacional. Por aquella época, toda la familia se trasladó a la capital.

En sus albores juveniles demostraba su carácter bondadoso, sin sombra de envidia, que habría de distinguirle toda la vida. A los 18 años ya demostraba lo que sería más adelante, no sólo lo que al talento respecta sino por su carácter emociones y voluntad. Leía y asimilaba mucho.

Su preferencia es manifiesta respecto a las ciencias naturales. Sus libros preferidos llevaban la firma de Geoffroy Saint Hilaire, Cuvier, Darwin y Ernesto Haeckel, cristalino alemán defensor del transformismo.

Lugones comienza a escribir. Despierta el escritor y sueña el poeta. Señala éste el derrotero del Mundo Nuevo... Más allá despunta el prosista y también el polemista... Crece el joven... nace el genio.

Por la rara movilidad y curiosidad de su espíritu, la existencia de Lugones fue una evolución constante en todos los órdenes: político, social, literario, religioso. La ley de su espíritu era el cambio y la renovación continuos. Cada uno de sus libros ofrecía un nuevo estilo respondiendo los primeros -hasta que el poeta descubrió una más firme expresión personal- a distintas influencias. Sin embargo no se trata de imitaciones serviles, sino de semejanzas de inspiración, de la asimilación del espíritu poético y de ciertos procedimientos técnicos, pero siempre con estilo propio. Así es cómo en el orden de sus obras, refiriéndonos a las poéticas, lo notaremos romántico a lo Víctor Hugo primero, corifeo del modernismo después, mas tarde en una etapa de transición, para finalmente, acabar en sus obras póstumas mostrando aficiones clásicas decididas.

Este mismo proceso evolutivo encontramos en materia religiosa. Conocemos al Lugones "ateo y socialista" de sus años mozos, convertido en el Lugones "católico" y "totalitario" en su edad madura. No escapó tampoco a seguir igual camino en materia política. En su juventud "liberal rojo exaltadísimo en todas sus pasiones" como lo pintaba Romagosa. Militó con espíritu revolucionario en el Partido Socialista de reciente fundación. La evolución de sus ideas políticas llevó al poeta posteriormente, primero a una posición democrática y liberal, y en la edad madura, a ser el más escuchado propagandista argentino de las doctrinas nacionalistas y antiliberales, sostenidas y defendidas por él con el mismo espíritu dogmático y batallador empleado en las campañas juveniles. Horacio Rega Molina, en uno de sus sensatos artículos críticos publicado en el desaparecido diario "El Mundo", el 21 de febrero de 1938, afirmaba: "...Rubén Darío, indisciplinado, fue siempre el mismo hombre. Lugones, disciplinado, no fue nunca dos veces Lugones.."

Su pluma fue singularmente fértil. Trató los temas más dispares, aunque no siempre con igual dominio y profundidad, como lógica consecuencia de su proverbial erudición. Tuvo fama de poeta, historiador, novelista, escritor político, orador, biógrafo, filólogo, helenista, esteta y científico naturalista.

El pasmo del público era incesante, pues lo mismo publicaba hoy un artículo filológico sobre un vocablo árabe o aborigen, que mañana una traducción de La Ilíada; lo mismo un ensayo sobre estética que un estudio acerca de Martín Fierro; una biografía que una nota periodística sobre el divorcio; un libro de filosofía política que una página sobre rearme naval o la modernización de las armas.

Produjo Lugones aproximadamente unos cuarenta libros, sin contar discursos y artículos periodísticos -numerosísimos- que sumada a aquella creación, holgadamente daría para más de cincuenta volúmenes de letra menuda. Por eso, en 1912 dijo con tanta razón como verdad "...y así me iré al descanso cuando deba, para dormir como los demás trabajadores a la sombra de los árboles que planté..." Lugones buscó en la lucha, la Justicia; en el escribir, la Verdad; y en dar versos, la Belleza. En lo primero aparece la lanza enristrada; en lo segundo el abroquelarse en la armadura; y en lo último la cimera que hermosea al paladín.

Lugones es una síntesis difícil, en él hay de todo. Pero es sólo una soledad de isla abrupta, con arrecife y un faro.

El "poeta de la tierra", que eligió las cercanías de las aguas del río, para sumergirse en el propio olvido, revive hoy vigoroso en el alma de su pueblo. Y en su momento su pueblo se dio cita el 19 de febrero de 1964 a la sombra del vetusto algarrobo familiar donde "Los lanceros de la Cautiva" hicieron la guardia de honor. Y desde aquel escenario de sauces y palmeras, talas y algarrobo, lomas verdes y acequias color de Nilo, de piedras rojizas y paisanos recogidos, se proclama a la Villa de María del Río Seco, cuna del poeta máximo de la lengua hispanoamericana, "Ciudad Real de la Poesía".

Las nuevas generaciones, ajenas a los enconos que tribularon el alma de Lugones, recuerdan lo que él dijo en una de sus obras: "...hasta no quedarle por todo consuelo de la contemporánea ingratitud, sino esa convicción de ser espíritu inmortal que dulcifica todas las tristezas del mundo, como basta a la poesía crepuscular la permanencia de una estrella...", y le ofrecen el sitio que le corresponde en las letras argentinas, definiéndolo como poeta nacional, como "el poeta que busca su raza".

"...duerme tu gran sueño feliz, bajo la dorada pesadez de tus mieses, junto a tu Cerro del Romero..."

 

EVES OMAR TEJEDA


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