Un semáforo portátil para ordenar el tránsito en Bariloche

La creación de tres alumnos revolucionó al Centro de Educación Técnica “Jorge Newbery”. Surgió como un proyecto escolar pero terminó como una solución real.

Un semáforo portátil para ordenar el tránsito en Bariloche

El ingenio y el esfuerzo rindieron frutos en la escuela técnica Jorge Newbery. En los talleres que rodean a los salones de clases, tres adolescentes terminaron por hacer realidad un semáforo portátil que se alimenta de energía solar. Ahora sueñan con hacer que el proyecto llegue a las calles.

La idea surgió el año pasado luego de un análisis que hicieron los alumnos que cursaron el quinto año. A partir de algunas charlas surgió la problemática del ordenamiento del tránsito en la ciudad. Sin embargo recién este año se pudo concretar mediante un régimen de pasantías dentro de la escuela.

El aparato utiliza dos módulos: uno de control y otro de potencia.
Chino Leiva

El profesor Carlos Rizzo se mantuvo al frente del proyecto. Los trabajos comenzaron en mayo y se pactó la fecha de entrega para el 31 de octubre. Tres veces por semana Nicolás De Monte, Víctor Rodríguez, y Franco Curihuinca dedicaron horas extra curriculares a la creación del semáforo. Desde los planos hasta la pintura, todo se volvió realidad en los talleres.

Los bosquejos de Víctor sirvieron para dar el puntapié inicial. “En esto se ve mucho el compañerismo”, evaluó al referirse al trabajo que realizó cada uno de los integrantes y la necesidad de cumplir con el tiempo pactado.

Es que, a diferencia de los proyectos escolares, la pasantía les permitió experimentar un acercamiento al mundo laboral. Por caso, Nicolás relató que junto a su profesor aprendió a utilizar nuevos métodos en electrónica “que no había visto en el colegio”, para simplificar la tarea diaria. En ese tiempo también aprendió a soldar.

El proyecto sumó a siete personas entre alumnos y profesores.
Chino Leiva

El resultado fue dado a conocer esta mañana. La estructura se montó sobre un trípode que posibilita llevar el aparato a cualquier lugar en el que se lo necesite. “Sirve por si hay un accidente y hay que controlar el tránsito”, agregó Nicolás, quien remarcó que el semáforo cuenta con una autonomía de cinco horas, por fuera de la carga solar, y que emplea más de 500 lámparas Led con una duración promedio de seis años.

La fabricación del semáforo demandó unos 20.000 pesos. El dinero fue aportado por la cooperadora de la escuela y no descartan dos etapas más que, en los próximos años, podrá lograr un “semáforo inteligente” capaz de ser configurado desde una computadora u operado a través de una aplicación móvil.

“Queremos que siga siendo un proyecto de la escuela”, agregó Víctor sobre el interés que puede despertar el proyecto que pasará a manos de sus compañeros.

Carlos se mostró conforme con el resultado alcanzado. “Está dentro de los parámetros”, dijo en presencia de sus alumnos. Explicó que cada semáforo podría ser transportado y operado por el personal de tránsito y ofrecer múltiples soluciones.

“La escuela pública está viva y sigue aportando soluciones”, confió antes de volver al aula y preparar a los próximos interesados en continuar un sueño que se hizo realidad.


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