Un taller sin fotos de chicas sexies y donde suena Pink Floyd

Pasión por los fierros y respeto por el cliente, las dos claves. Sostienen que es fundamental invertir en nueva tecnología.

JAVIER AVENA

javena@rionegro.com.ar

Hay herramientas colgadas en la pared y esparcidas en el piso, autos desarmados, grandes latas de aceite, bidones y una 4×4 artesanal sin capot que pronto estará lista para rodar. No hay almanaques con chicas de curvas peligrosas.

-No señor. A mí eso nunca me gustó -explica Jorge.

-Imaginate que tenemos muchas clientas. No da -explica Sebastián.

-Y tampoco ponemos cumbia. Prefiero Pink Floyd -dice Jorge.

-Buena música -dice Jorge.

Jorge Viterbori (47) y Sebastián Fernández (27) son socios. Y una especie de remake mecánica de Gemelos. Jorge, es corpulento y capaz de levantar 100 kilos. Sebastián es más bajo y no tiene dedos extra large como su amigo. Se complementan: si hay que meter la mano en el reducido espacio de un motor japones, se encarga él. Y si hay que bajar una caja de

cambios de 50 kilos, la responsabilidad es de Jorge. Si el desafío es detectar el origen de ruidos extraños en un motor, le toca a Sebastián, con oídos bien entrenados. Si la misión es aflojar un tornillo demasiado apretado la misión es de Jorge. Anda con el cuello duro: ayer descargó una caja demasiado pesada que hoy le pasa la factura.

-Me duele. Me parece que me saqué dos vértebras. Sentate y tomemos unos mates -invita y ofrece un tacho con tapa y un dulce. Al tacho le pone arriba una revista abierta para evitar manchas. El mate es rico. A medida que transcurre la charla pasan amigos y clientes: los visitantes le cambian la yerba si está lavado y se hacen cargo de la ronda, preguntan cuándo va a estar su auto, comentan las novedades. Una es horrible: la historia del mecánico que murió pocos días atrás cuando se el camión que revisaba tirado sobre el asfalto lo aplastó al no estar frenado.

-Terrible -comenta Jorge. Y como para aflojar el ambiente, cuenta otra historia, tragicómica: el caso del ciclista que chocó una camioneta estacionada frente al taller. De acuerdo con el testimonio de un vecino parece que se desconcentró al girar la cabeza y seguir con la mirada los pasos en la vereda de enfrente de una chica que estaba muy pero muy buena.

-No se rían -pide Jorge a la audiencia-. El pibe se lastimó la nariz y una pierna…

 

Cuestión de confianza

 

En la declaración de principios del Taller Viterbori & Fernández hay una regla de oro.

-Nunca metemos el perro -cuenta Sebastián-. Aunque al principio nadie nos cree…

-¿Por qué?

-Por lo general, de entrada el cliente siempre es desconfiado. Después, cuando nos conocen, cambian. Nosotros les explicamos cada paso que damos, si tienen tiempo los invitamos a ver cómo lo hacemos, que vean el estado de las piezas.

-Acá nos llegan casos desahuciados o muy complicados –interviene Jorge-. Y si hay que invertir horas o días para desarmar algo hasta encontrar la falla lo hacemos. Por ejemplo, me acuerdo del caso de una camioneta: al dueño le habían dicho que tenía un problema en la caja de cambios. Y le habían cobrado por bajarla, desarmarla y arreglarla, pero el problema seguía. Como venía con ese diagnóstico, la bajé, la desarmé y estaba perfecta. Y me di cuenta de que antes nadie la había tocado, porque todavía estaba con el pegamento original.

Como el cliente se seguía quejando la desarmé otras dos veces. Y seguía el problema. Entonces me subí a la

camioneta y salimos. Aunque soy medio sordo enseguida me di cuenta de que el problema estaba en el diferencial, por el ruido. Y ahí sí lo arreglamos.

–Trabajar así es nos gusta, pero te lleva mucho tiempo. Aunque de todos modos no nos importa: es lo que elegimos -explica Sebastián.

-Además, no somos infalibles. Y si nos equivocamos en algo, la frustración es doble: una por errar, y otra porque te cansás mucho: este trabajo es muy físico, con piezas muy pesadas- afirma Jorge. Y agrega: -Por otro lado, agilizás mucho la mente, el ingenio-.

-En base a lo que sabés tratás de imaginar una solución -aporta Sebastián-. Y sólo descansás cuando la encontraste y pudiste terminar el trabajo y entregar el auto. Usar la cabeza es lo mejor de este oficio.

-¿Sabés la cantidad de veces que a la noche pienso en algún coche o camioneta en la que estoy trabajando? Y ya me pasó de encontrar la respuesta cuando estoy por dormirme.

-¿Y qué es lo peor de este oficio?

-La presión de los clientes. La gran mayoría tiene apuro y quiere el auto ya. Y a veces no se puede, porque sino te tenés que quedar todos los días hasta las 12 de la noche -responde Sebastián.

 

Fierreros de ley

 

Como en la mayoría de las historias de los mecánicos, los dos son fanáticos de los fierros. En el caso de Jorge Viterbori -casado, dos hijas adolescentes, bisnieto del primer gobernador roquense de Río Negror- la pasión viene desde chico, cuando se deslumbraba con aquellos inolvidables rallies y carreras en los que los Peugeot 504 y los Fiat 125 se sacaban chispas.

Luego consiguió trabajo en Vialidad, en el taller mecánico. Aún recuerda aquellos viajes a la Línea Sur en pleno invierno: «Teníamos que ir a arreglar máquinas y vehículos con 22 ó 23 grados bajo cero. Una vez hizo -27ºc. Pisamos un charco y se congeló la puerta. Tuvo que venir un maquinista y echar el agua de una pava gigante para poder abrirla. Se nos congelaban las manos…»

Con el tiempo se animó a probar suerte con su propio emprendimiento. Entraba a Vialidad a las 6 de la mañana y salía a las 14 hs. «Y me iba directo al taller que abrí en Paso Córdoba. Muchas noches me quedaba trabajando hasta la madrugada. A las 5.30 me pasaba a buscar el micro de Vialidad. A veces, de tan cansado que estaba, salía en calzoncillos con las botas y la ropa en la mano y me vestía en el ómnibus. Como era el primero en subir… Me fui haciendo una clientela y me especialicé en motores y cajas de cambio. En 1991 aproveché el Plan de Desvinculación Voluntaria, cobré 26 sueldos y me fui de Vialidad. A esa altura ya me daba más el taller. Y ahí seguí hasta comienzos de 2007, cuando me asocié con Sebastián y abrimos este taller, cerca del centro de Roca.

 

Sebastián -dos hijas pequeñas, en pareja- aprendió viendo a su padre, que arreglaba vehículos en un galpón de un campo ubicado a 40 km de Roca. Con el correr de los años empezó a usar las herramientas. «Me entusiasmé y empecé a arreglar todo lo que se rompía». Sin embargo, estudió cinco años guitarra en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes. Abandonó cuando le faltaban dos: «Es que me imaginaba dando clases en el futuro y eso no me entusiasmaba. Además, cuando me enteré que iba a ser papá por primera vez , pensé que era mejor buscar algo que diera más plata. Trabajé en un taller mecánico hasta que surgió esta posibilidad con Jorge y no lo dudé».

No les fue mal: a Jorge lo siguió su clientela de Paso Córdoba y el taller está lleno. Ahora es el tiempo de modernizarse. Así lo plantea Viterbori mientras ofrece el último mate.

-Todo cambió. Fijate que ya casi no hay más fosas; se usan los elevadores. Y con la computadora y el escáner en un segundo sabés cómo está la parte electrónica del auto. Nosotros estamos ahorrando para invertir en tecnología. Sino te quedás en el tiempo. Por eso te decía que en el taller hay que usar la cabeza y agudizar el ingenio. Porque en esto nunca sabés todo. Y eso, cada día, es un lindo desafío.


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