Un tenor que pasó de Les Luthiers a la gran ópera

López Manzitti tiene una rica y variada trayectoria como cantante lírico. Su arte lo ha llevado desde hacer papeles clásicos a trabajar con Les Luthiers, Gerardo Sofovich y Norma Aleandro. "Mi premisa es preservar mi voz, mi personalidad como cantante", dijo a "Río Negro".



BUENO AIRES.- Gustavo López Manzitti ha recorrido un largo camino hasta llegar a ser una de las jóvenes figuras líricas más relevantes del momento. Lo suyo viene de la actuación con grupos como Les Luthiers hasta trabajos con Sofovich. Al mismo tiempo hizo grandes esfuerzos por encontrar su verdadera voz (de barítono a tenor lírico spinto), que incluso perdió, hasta dar con su personalidad vocal y convertirse en una figura que hace Mozart, Massenet y repertorio contemporáneo, tanto en e Colón como en otros teatros de aquí y del mundo. También fue el tenor de “Master Class” con Norma Aleandro.

Viene de familia de cantantes y músicos. Tanto su padre como su madre lo han sido durante años en el Colón. Con esa herencia lo suyo fue casi natural, pero no menos dificultoso. Cantando desde chico, su verdadera vocación era el piano y la composición. Por eso entró al Conservatorio, aunque con los años, la historia cambió y se decidió a cantar como barítono. Era muy joven y el reconocido maestro Juan Pedro Franze fue uno de los interlocutores para sus dudas respecto a si era barítono o tenor, como también el maestro Sciamarella en el Instituto de arte del Colón. Pero fue Guillandú quién confirmó que era un tenor, y muy interesante.

– ¿Cómo se definió esa incertidumbre con el canto?

– Cuando me dijeron que era tenor, empiezan las penurias, porque no podía encontrar maestros que supieran conducir mi voz de barítono a mi verdadero registro de tenor. Estuve diez años ( de los l8 a los 28 años) en esa búsqueda. Era, hacer una carera normal como barítono o decidirme a encontrar mi personalidad como tenor. Me decidí por el tenor con todo. En ese tiempo hice roles pequeños en el Colón , mientras buscaba esos maestros, hasta que di con Nino Falzetti, una figura que tenía mucha escuela italiana y supo conducir bien mi voz, lo mismo que María Rosa Farré, que le dio el toque definitivo.

También hice otras cosas relativas a la composición, piano y actuación. Uno de los que me alentó en eso fue el uruguayo Leo Maslíah, cantautor, humorista y escritor que conocí en una cátedra que daba casualmente en el camping musical de Bariloche sobre composición. Me escuchó cantar y me propuso un dúo, con el que nos presentamos durante dos años muy bien, y todavía hacemos cosas juntos. El año pasado estrenó una ópera en el Colón, “Los cantos de Maldo

roor” que escribió para mi. Así fue que empezaron las actividades paralelas en música, actuación y humor. Por ejemplo, trabajé muy bien aquí y fuera del país reemplazando a alguno de los integrantes de Les Luthiers. Al mismo tiempo llegaban propuestas, como el caso de hacer “Master Class ” que puso Norma Aleandro, donde conocí a mi esposa, Miriam Stoker, que hacía la soprano.

– ¿Ya estaba en vos la decisión definitiva por la lírica?

– Si, y las ofertas para cantar lírica eran muy interesantes. Encaré mi carrera de tenor, especialmente en el Colón y en teatros alternativos como el Roma de Avellaneda o el Avenida con trabajos como en “El Murciélago”, “Tosca” o “La opera del Mendigo”. También tuve el privilegio de trabajar con Adelaida Negri, que es un ícono de la lírica argentina y fui su tenor en producciones como “Lucrecia Borgia”. En el Colón me llamaron para “Mahogany” y también hice un “Rigoletto en Rosario”. Me convertí en el tenor que abría y cerraba temporada en el Colón con obras como “Simon Bocanegra” o “Carmen”. Tenía mucha actividad, hasta la actualidad, en que me resultó toda una sorpresa descubrir el repertorio francés asumiendo el protagónico de “Wherter” de Massenet , toda una experiencia que salió muy bien, en la que me sentí más cómodo que en Mozart y su “Clemenza di Tito”.

Todo esto va perfilando una carrera que sigue tanto aquí como en el exterior, pero que tomo bajo la premisa de preservar mi voz, mi personalidad como cantante.

 

La voz como vehículo

Para López Manzitti la actualidad de un cantante de ópera es diferente. “La que marcó un hito es 'Master Class', la primera vez que una grande del teatro como Norma Aleandro actuaba con cantantes líricos. Era el cantante lírico llevado a un contexto más popular, pero de alto nivel”, señala al comentar otras manifestaciones como canciones de cabaret y espectáculos que sin ser puristas incluían a la lírica. El mismo Manzitti hizo con otros cantantes las obras de Los Beatles en su tesitura original a la manera lírica.

Reconoce que lo habitual es el concierto o la ópera, pero no desdeña la creatividad que por ejemplo había en los trabajos con Leo Maslíah o sus divertidas incursiones en “Rompeportones” con Sofovich.

Observa el aumento de actividad en el lírica, parecido a su criterio a la época de sus padres, en que Buenos Aires tenia espectáculos en diversos lugares, no sólo el Colón. “Aunque creo que el Colón marca como la cotización, una especie de Wall Street de la ópera” destaca. Claro que reconoce que entidades como Buenos Aires Lyrica no le van en zaga.

El tenor sostiene que han surgido muchos valores, pero advierte que esas voces tiene que ser usadas con cuidado y en el repertorio adecuado. “Muchas veces las producciones del Colón suelen ser excesivamente pretensiosas y se le da a cantantes jóvenes roles para los que no están preparados y eso arruina las voces” dice. Por su parte considera que ” no estoy arrepentido de haberme tomado mi tiempo, si bien todos cometemos errores, el capital vocal es muy importante”.

Para López Manzitti cada rol es importante, aunque sueña con el Calaf ( Turandot) o el Radamés ( Aida), algo que espera su justo tiempo. Sabe que ” lo visual es importante, pero nunca está dividido de lo vocal, porque el primer vehículo es la voz, y el canto lírico obliga físicamente en la actuación”. Percibe una época de uniformidad en la voces, un criterio más standard, lejos de las personalidades vocales, como Callas o Tucker. “Es la era de la cirugía estética también en la opera”, afirma al mismo tiempo que reconoce un mayor refinamiento en la forma de cantar actual.

López Manzitti no desconoce que un artista vive presionado por la realidad. Destaca que la opera es un arte viejo que debe ser conservado, y que si hay que cambiarlo que se haga algo nuevo y original. Mientras tanto lo suyo es respeto, cuidado y personalidad. Lo vocal es su tesoro que pone a prueba en cada función. Hizo “La Boheme” en Ohio, ahora intervendrá en “Tosca” para la New York Grand Opera en el Central Park, y volverá a Buenos Aires para hacer una opera del maestro Fontenla y una “Butterfly”. Una agenda nutrida en el marco de una carrera brillante.

 

Julio Pagani


Comentarios


Un tenor que pasó de Les Luthiers a la gran ópera