Un triunfo que suma, pero que también preocupa

Argentina derrotó 2 a 1 a Bolivia sin que




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En Coquimbo, el seleccionado argentino consiguió su primer triunfo pero también potenció sus preocupaciones. El equipo de Bielsa no jugó bien, aunque tuvo el mérito de dar vuelta un partido que amenazaba con complicarse mucho más.

En su segunda incursión en el área argentina, pasado el primer cuarto de hora, Bolivia llegó al gol tras un buen movimiento. Arce maniobró por derecha, se hamacó y sacó un derechazo, seco y letal, que viajó con prisa a la red de Caballero. Bolivia se ponía en ventaja cuando nadie lo esperaba, cuando Argentina tenía la pelota, cuando Tevez amagaba en convertirse en importante.

De hecho fue Tevez el que generó la primera chance concreta, cuando sacudió la pelota desde afuera y esta pasó cerca del palo derecho boliviano.

Bolivia comenzó a refugiarse con solidez atrás, posicionándose con mucha gente detrás de la mitad de la cancha, asfixiando al equipo argentino que no lograba, en ese primer tiempo, urdir una buena maniobra de ataque.

A Argentina todo le costaba. Desde tirar un centro hasta concretar una pared. Tevez bajaba a buscar la pelota, volcaba su sangre acostumbrada, pero era absorbido, al límite del reglamento, por la presión boliviana. Quedaba saber si el equipo del antiplano podría mantener ese pressing durante más de un tiempo.

Como Perú el jueves, en ese primer tiempo Bolivia demostró que la distancia que lo separa del mejor fútbol sudamericano se ha acortado de forma considerable. Al igual que los peruanos, Bolivia en la primera parte jugó con la tensión y la seriedad de los encuentros cumbres, sabiendo muy bien que era lo que tenía que hacer.

Hasta que se equivocó. Cuando se desvanecía el primer tiempo, tras un centro de Fernández que sobró a Jáuregui, Mariano Gon

zález habilitó a Tevez, quien tras desacomodar con un toque al arquero Alquiza, tocó al gol.

Por el momento en que ocurrió, el golpe tuvo una importancia tremenda. De terminar el primer tiempo en contra, el equipo argentino hubiera comenzado a cargarse de impaciencia.

Claro que Argentina debía ir por el triunfo para acercarse a Atenas. Y el segundo llegó tras otro error del rival. Un cabezazo de LuisGonzález, bien dirigido pero débil, no pudo ser retenido por Alquiza, que vio con frustración como la pelota se le escurría .

En ventaja, Argentina tuvo más la pelota, trató de generar más peligro, pero no pudo elaborar chances claras. El partido cayó en un charco de imprecisiones y lentitud. Bolivia ya no ofrecía la intensidad del primer tiempo y, obligada a atacar, exponía sus limitaciones ante una Argentina más retrasada. El 2 a 1 era inamovible. Un triunfo, al cabo, tan necesario como deslucido, un triunfo que alegra y preocupa a la vez.

El crack gritó su primer gol

Fue, otra vez, el hombre que más fútbol trató de generar. Ante la falta de un enganche preciso -Luis González no se decide a montarse el equipo al hombro, el otro, Mariano, es, tal vez, el que menos está rindiendo-, al igual que ocurriera ante Perú en el debut, anoche Carlos Tevez se retrasó unos metros en el terreno de juego para tomar contacto con el balón. Pero le costó marcar diferencias. Muchas veces, debido a la intensa marca boliviana, sus intenciones fueron absorbidas. Otras no logró sintonizar la onda con sus compañeros. Hasta que llegó el gol, el primero con la selección olímpica, el primero fuera de los juveniles. Cuando languidecía el primer tiempo, y con apenas dos toques, desacomodó al arquero y mandó la pelota, de zurda, adentro del arco. Apenas festejó, ya que enseguida la fue a rescatar de la red. El mensaje era claro: había que ganar para que Atenas no se alejara.

Tevez fue de lo mejor de un equipo que apenas mostró el eco de lo que es capaz de hacer. Algo suyo, la solidez de Burdisso, el despliegue de Mascherano. Y no mucho más para un seleccionado que potencialmente es poderoso pero que no lograr encajar las piezas en su lugar.

Un triunfo que llegó tras dos errores del rival, un triunfo sin brillo, apenas iluminado por la satisfacción de los tres puntos.


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Un triunfo que suma, pero que también preocupa