“Un volovelista de luto”



Con estas líneas deseo homenajear a un grande del volovelismo nacional e internacional, a mí gran amigo Héctor Lorenzo Macarrón, “el Maca” como le decíamos. A principio del año 75, viviendo en Plaza Huincul, mi vecino me llevó a un club de planeadores ubicado en Cutral Co, donde se estaba desarrollando una actividad volovelista –no recuerdo qué se conmemoraba–. Me presentaron a un hombre y me dijeron que era el instructor del club. Se encontraba sentado dentro de un planeador en la parte trasera –un K7– y en un abrir y cerrar de ojos me encontré sentado delante de él y atado… No entendía nada de lo que era el vuelo de bautismo. Este hombre –que no me veía la cara– se dio cuenta del jabón que tenía este pibe de 19 años. Empezó a hablarme para tranquilizarme… que él estaba allí atrás para pilotear y que todo saliera bien. El vuelo comenzó, yo seguía sin entender nada y con mucho susto. Llegamos a los 400/500 y se cortó el remolque. En ese momento comprendí lo que era el vuelo a vela. Duró unos pocos minutos, 8 ó 10 creo, pero fueron suficientes para darme cuenta de lo que un hombre podía hacer desde la parte posterior de un planeador, la seguridad que transmitía, las palabras. Y entre todo esto, él me daba la palanca para que lo sintiera. Cuando terminó este vuelo, yo me sentía un pájaro, me daba la sensación de que todavía estábamos volando. Él me preguntó si yo ya me había anotado para el curso que se iniciaba en 30 ó 40 días. Realmente no sé en que estaba pensando pero, cuando volvía a casa con este vecino, me preguntaba cómo le diría a mi mamá que yo quería ser piloto de planeador… y que ya había dado el sí. Inicié una gran relación de alumno con él, hermanos una brigada de 6, y a partir de ese momento nunca más volví a separarme de él. Primero porque fuimos muy buenos amigos, estuvimos en algunos nacionales juntos y después porque le tocó la desdicha –como me lo recordaba constantemente– de que fuera su hijo postizo, porque me convertí en el esposo de su hija mayor. Fue un gran luchador por esta actividad y en los momentos más difíciles para los clubes él siempre estaba inyectando optimismo y fuerza para seguir adelante sin importar las tormentas que vinieran. Cuando se lo requería para alguna instrucción u otra actividad relacionada al vuelo a vela, nunca decía que no, siempre estaba predispuesto para llevar adelante la actividad. Por todo esto y todo lo que he aprendido de vos, te doy un gracias. ¡Gracias, amigo! ¡Un abrazo! Horacio Omar Miguel DNI 1.180.625 Las Rabonas (Córdoba)


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