Una bomba política



El presidente ruso, Vladimir Putin, está muy descontento con la OTAN, y no disimula sus resquemores ante la Alianza Atlántica. Mientras los ministros de Relaciones Exteriores de los 26 aliados se reunían en Oslo para discutir sobre los planes estadounidenses de instalar un sistema antimisiles en Polonia y República Checa, Putin les lanzaba desde Moscú una bomba política.

Hace ya mucho que el descontento sobre la OTAN echó raíces en el Kremlin. A principios de los 90, los rusos esperaban que la OTAN se abstendría totalmente de sumar a los países de Europa del Este, pero ocurrió todo lo contrario: la mayoría de las ex repúblicas soviéticas son ahora miembros de la Alianza Atlántica.

Y lo más importante: hay frentes donde los intereses de Rusia chocan directamente con los de la OTAN. Por ejemplo, que la alianza colabore con Georgia e incluso no descarte su adhesión en un futuro. O la disputa sobre el futuro estatus de Kosovo, en la que Rusia no quiere perjudicar a Serbia, mientras que la OTAN apoya la decisión la ONU sobre una independencia limitada.


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