Una ciudad ´hermana´de Roca en Nueva Zelanda

Hastings tiene similitudes con la ciudad valletana. El tesón y la inventiva define a su gente.



Ubicada a 39 grados latitud Sur, la ciudad está dividida por las vías del ferrocarril que la gestaron y que hoy casi no se usan. Es una ciudad de trazado octogonal, con amplias calles que delimitan manzanas cuadradas. Tras un período de estancamiento, su centro fue remozado hace unos cinco años, modernizando su aspecto. Se ubica en una zona de producción agrícola en la que las chacras mezclan manzanas, peras, algo de carozo y cada vez más vid. Una economía regional fuertemente asociada a la exportación frutícola que ha sido pilar de la zona por décadas y que hoy se ve amenazada por un mercado internacional competitivo y tirano que hace que las ganancias del productor sean cada vez más exiguas.

¿Suena conocido? ¿Estamos hablando de Roca?

Si ahora decimos que la ciudad de la que hablamos está ubicada a una hora de la verde montaña y a algo más de 20 minutos del mar, en uno de los países con mejor estándar de vida del mundo, y donde la corrupción en el Estado es casi nula, empezamos a pensar que tal vez no se trate de Roca después de todo.

Dos ciudades en la misma latitud, con climas análogos, producción similar y más o menos la misma cantidad de habitantes. Muchas coincidencias. Algunas diferencias de peso.

Su arquitectura domiciliaria, ajustada a una zona de terremotos, es de madera y tiene un estilo poco vistoso, si bien se trata de viviendas muy confortables en su interior. Los jardines cuidados hacen barrios bellos para caminarlos. Su centro está salpicado de edificios “art deco”, que son el rasgo distintivo de la reconstrucción de la ciudad luego del terremoto de 1931 que dejara más de 90 muertos y muchos edificios devastados.

Hastings es la ciudad más grande de la Bahía de Hawks al sur-este de la Isla Norte de Nueva Zelanda. Conocida como la “frutera” del país, ha crecido enormemente en este nuevo siglo gracias a fuertes inversiones, tanto inmobiliarias como en el agro, con gran crecimiento de vitivinicultura y el asentamiento de monumentales bodegas.

Toda la ciudad está limpia y salpicada de parques y espacios verdes, en muchos casos con elaborada parquización o cubiertos de flores. Pero los parques no son sólo lugares de relax y ocio sino también de deportes. Hay canchas de cricket, football o rugby por toda la ciudad. Los neozelandeses son grandes deportistas. Les preocupa el deporte y lo practican. Tal vez es este espíritu impregnado del tesón deportista lo que los mueve: si tienen un problema buscan y encuentran una solución.

Ante la dificultad para colocar su fruta hace algunas décadas, el instituto de investigación Hort Research de Hastings, desarrolló nuevas variedades que comercializaron.

Fue en Hastings donde se concibió la manzana Gala y fue en Hastings donde se trabajo con un fruto traído de China para producir el primer kiwi, un fruto absolutamente nacional. No solo lo produjeron, lo comercializaron y convencieron al mundo de sus grandes cualidades, sino que además -cuando el mundo se percató del negocio y comenzaron plantaciones en todas las latitudes- no cejaron. Trabajaron en un producto similar, más grande, al que llamaron “zespri” y lo patentaron. Esta vez no podía haber robo posible. El fruto es ahora un bien nacional y quien lo quiera cultivar debe pagar un canon. Del mismo modo están hoy desarrollando las nuevas variedades de manzana. “Si el mundo nos arroja limones -parecieran decir- nosotros hacemos limonada”.

A estos “hermanos” isleños las dificultades los motivan. Son concentrados pero amigables. Tienen la garra e inventiva de los ingleses, pero también la capacidad de relajarse y disfrutar de sus bellos paisajes y de todas las posibilidades que su variada geografía ofrece.

“Work hard, play hard” (trabaja duro y juega duro) es su motor. Una combinación fantástica para un pueblo que ha decidido que es mejor vivir bien que vivir mal y trabaja cada día para que esto sea un hecho.


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