Una “diferencia de precios” que derivó en la muerte de dos policías

El reclamo de un chacarero a quienes les había vendido su producción no tenía las respuestas que él esperaba. Se apoderó de un vehículo y a la hora de devolverlo se desató la tragedia.



Las siempre complicadas negociaciones entre productores y empresarios por el precio de frutas y verduras tuvieron un sangriento episodio en Ingeniero Huergo, en 1971. Dos policías muertos y una de las mayores cacerías humanas, que se extendió a lo largo de diez días, tuvieron en vilo a la región.

En octubre de 1970, José Vicente Ruiz,Tito, había acordado venderle su producción de manzanas y tomates a una firma de Santa Fe, Gagliano y Manzur, pero cinco meses después no estaba satisfecho con las liquidaciones recibidas.

El negocio lo había hecho con Manzur y a él le reclamó en varias oportunidades en forma telefónica, sin lograr su cometido. Finalmente decidió viajar a Santa Fe, pero tampoco allí encontró respuestas que considerara satisfactorias, ya que le dijeron que “verían más adelante”.

Temiendo ser víctima de una “apretada” en Santa Fe, Ruiz le pidió prestada una camioneta a uno de los compradores de la fruta, Horacio Esteban Gagliano, para viajar hasta un pueblo cercano, Peirano, con la promesa de devolverla al día siguiente. Sin embargo tomó la Chevrolet y se vino a Ingeniero Huergo, donde consideraba que el arreglo de las cuentas le sería más favorable.

Gagliano reclamó su camioneta primero por teléfono, luego por telegrama, por lo cual Ruiz recurrió al comisario de Huergo Omar Marigual, que era su amigo, en busca de consejo. Decidieron responder con otro telegrama, que fue firmado por Marigual para transmitir más seguridad, poniendo la camioneta a disposición de Gagliano.

Finalmente, el 5 de abril de 1971 Gagliano, vino con un chofer de su empresa, Arturo Calvet y con Néstor Danterre, un oficial de la Policía santafesina a buscar la camioneta. Un empleado de Ruiz se acercó al vehículo de los recién llegados y vio en su interior una cartuchera de plástico y un arma, datos que le comunicó a su patrón.

Gagliano se reunió con Ruiz, sin presentarle a Danterre ni indicarle su condición de policía, e inicialmente aceptó discutir las liquidaciones, tal como suponía el productor que ocurriría, pero después el visitante se arrepintió y fue a la comisaría en busca de apoyo para recuperar la camioneta. Hubo una breve discusión que le dejó a Ruiz sospechas respecto de Danterre.

Un comisario mediador

El comisario Marigual inició una mediación, en la que Ruiz aceptó entregar la camioneta, que estaba en el patio de su casa, sobre la céntrica calle Colón, y recibió la promesa de que su reclamo sería atendido. En la comisaría Danterre preparó su pistola con bala en boca, lista para el disparo con un solo movimiento del pulgar y se la colocó en la cintura. Tito Ruiz, un eximio tirador, recogió su revólver calibre 44 y lo puso debajo del pulóver.

Con Marigual y Gagliano como espectadores, cerca de las 21 el productor empezó a descargar varios cajones que estaban en la caja de la camioneta, mientras que Danterre le ayudaba con su mano izquierda, dejando libre la mano derecha.

Ruiz bajaba los cajones sin despegar la vista de Danterre, mientras se iniciaba una discusión cuyo voltaje iba en aumento. Gagliano se alejó hacia la parte delantera de la camioneta, temiendo un desenlace violento que finalmente se produjo: Ruiz desenfundó y le tiró a Danterre, quien también sacó su arma –que no llegó a disparar–, pero Marigual intentó evitar el enfrentamiento y se cruzó entre ambos gritándole “no tires, Tito”, pero recibió el disparo dirigido al policía santafesino, muriendo en el acto. Ruiz, enceguecido por la muerte de su amigo, siguió tirándole a Danterre, a quien alcanzó con tres balazos mortales. Gagliano escapó a la carrera y fue herido en el brazo por una bala que atravesó un portón de chapa. Ruiz intentó correrlo pero una hija suya le hizo desistir.

Ruiz, aficionado a la caza y dueño de la estancia La Japonesa, un campo de ocho leguas en la costa del río Colorado, juntó algunos elementos, varias armas y municiones y escapó de Huergo a bordo de un Rastrojero de su propiedad, dejando al Valle conmocionado por lo ocurrido.

A la caza de Ruiz

Se inició entonces una de las mayores cacerías humanas que se haya registrado en la región. Decenas de policías rionegrinos y pampeanos se sumaron a la búsqueda de Ruiz, cuyo primer resultado fue el hallazgo de la camioneta semienterrada a tres kilómetros del paraje La Japonesa, al día siguiente de la balacera.

En la estancia había varios puesteros que podían darle ayuda al prófugo y fueron recorridos por distintas patrullas, mientras que los baqueanos de la Policía rionegrina, especialmente el sargento primero Tomás Candia, tomaban un papel relevante en la búsqueda.

Al segundo día de búsqueda, Candia halló rastros de dos caballos que iban montados, en uno de los puestos considerado “estratégico”. El sitio estaba vacío cuando llegaron los investigadores, por lo que montaron guardia y cuando volvió el puestero lo detuvieron, con la esperanza de llegar pronto a Ruiz. Pero no tuvieron éxito en la estrategia y la búsqueda, con distintas alternativas, se extendía sin resultados positivos.

Por aire era imposible el rastrillaje, debido al tipo de monte de la zona, con sitios en los que inclusive varias personas se podían esconder sin ser vistas, mientras que en algunos lugares el terreno era inaccesible incluso para vehículos cuatro por cuatro.

Del lado pampeano la búsqueda se extendía desde Desde Puelches hasta Pichi Mahuida, al sudoeste, hasta Cuchillo Co en el norte y desde allí hasta la sierra de Lihuel Calel “en total 125 leguas y visitamos 14 puestos sin obtener ningún rastro de Ruiz”, indicaba el comisario Esteban Kuhan.

Al quinto día de búsqueda los investigadores reunieron la tropilla que habitualmente montaba Ruiz y disminuyeron el número de agentes dedicado a la búsqueda, lo que a la postre terminaría precipitando la captura.

En efecto, en la madrugada del lunes 12 “alguien” retiró del corral un “picaso pampa”, el caballo favorito de Ruiz, y algo de carne de la vivienda de uno de los puesteros. La huella llevaba a un sector de monte tupido, donde encontraron el escondite de Ruiz, pero no al hombre buscado, que alcanzó a cruzar a nado el río Colorado hacia La Pampa.

El cerco se fue cerrando sobre Ruiz, quien escapó por segundos de ser capturado en la estación de servicios del Automóvil Club en Gobernador Duval en la noche del martes 13. Fue atendido por los concesionarios, un matrimonio de apellido Parodi, tomó una Coca Cola, rechazó el consejo de entregarse (“si lo hago me van a matar”, les dijo) y siguió escapando.

Pero la hora de la captura estaba cada vez más cerca. El miércoles, a las 19 Ruiz quedó rodeado. “Tiró lejos su Mauser y empezó a gritar como loco: ‘¡por favor, no me maten! Me entrego, no me maten’. Gruesas lágrimas corrían por las mejillas del prófugo largamente asediado, quien seguía suplicando piedad, según relataron varios funcionarios que participaron del operativo”, indicaba el enviado de “Río Negro”.

Se cerraba así uno de los más sangrientos hechos policiales registrados en la región. Luego vendría el tiempo de la justicia.

Fuente: archivo “Río Negro”

De condena a 15 años de prisión a la libertad en 26 meses

La fiscalía solicitó 20 años de prisión para José Vicente “Tito” Ruiz, responsabilizándolo del doble crimen de los policías Oman Marigual y Néstor Danterre y el intento de asesinato de Horacio Gagliano. Sin embargo, la jueza Flora Susana Díaz desestimó que el productor de Ingeniero Huergo hubiera tenido intención de matar al comisario de Huergo y en octubre de 1972 lo condenó a 15 años de prisión, además de indemnizar a la viuda de Danterre.

Sin embargo la Cámara de Apelaciones, en fallo dividido, redujo la condena a cinco años de prisión. Los jueces Septimio Facchinetti Luiggi y Héctor César Peruzzi se pronunciaron por la revocación del fallo, mientras que el camarista Federico Callejas avaló la condena impuesta en primera instancia.

La mayoría de la Cámara resolvió absolver a Ruiz de las muertes de los policías y condenarlo por el intento de homicidio de Gagliano. También se pronunció por eximirlo de indemnizar a la viuda del policía santafesino.

El fallo de la Cámara se conoció a fines de marzo de 1973 y el 15 de junio se publicó el decreto 1010 del gobierno rionegrino, encabezado por Mario Franco, que dispuso rebajar la condena a tres años de prisión, por lo que pronto Ruiz recuperó la libertad.

El segundo comisario

asesinado en diez años

El comisario Omar Marigual fue el segundo jefe de la comisaría de Ingeniero Huergo asesinado en diez años.

El primer caso se produjo durante la celebración de los carnavales en 1961.

El 12 de febrero de ese año el comisario Luis Arabena murió tras recibir una puñalada de un hombre que estaba ebrio y al que intentaba detener en un bar de la localidad.

El tiroteo se produjo al final de una jornada cargada de tensión en Ingeniero Huergo y abrió el camino a una “cacería humana” sin precedentes en la zona.

La misma casa en la que vivió Alenci

En la casa en la que murieron Marigual y Danterri, en abril de 1971 en Huergo, había vivido Juan Antonio Alenci, “Cholo”, entre 1945 y 1952.

El 14 de febrero de 1971, en Allen, Santiago Espinel le había tirado un balazo a Alenci, un capitalista de juego clandestino. Esa noche se desató una cacería que terminó con Espinel muerto. Alenci estuvo detenido varios meses, pero finalmente quedó libre.

años tenía José Vicente Ruiz cuando se produjo el sangriento episodio. En los diez días que estuvo prófugo había perdido cerca de 15 kilos.

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leguas tenía la estancia La Japonesa, ubicada sobre la costa rionegrina del río Colorado, propiedad de Tito Ruiz.

Datos

El tiroteo se produjo al final de una jornada cargada de tensión en Ingeniero Huergo y abrió el camino a una “cacería humana” sin precedentes en la zona.

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