Una empresa fallida, un pueblo que nace

La historia de Cervantes, aunque similar a la de varias comunidades del Alto Valle, presenta un ribete muy particular y hasta pintoresco con la llegada del escritor español Vicente Blasco Ibáñez quien en 1909 llegó a la región para participar de la creación de la colonia.

Un cuatro de octubre de 1978, este diario resumía la historia del famoso colono: "El autor de "Los siete jinetes del Apocalipsis" y "Sangre y Arena" -entre otros- aquietó su pluma inspirada y se dio a otro de sus afanes: el colonizar tierras inhóspitas. Así llegó a este país, donde se vinculó con las más altas autoridades, recorriendo el norte y el sur".

Ibáñez venía tentado por las riquezas de la tierra que describió en una de sus cartas enviadas a España: "El peral y el manzano se cargan de frutos tan abundantes, que las ramas casi se rasgan por el peso."

Entusiasmado, el escritor comenzó a gestionar la creación de una colonia pero... faltaban los colonizadores. Fue así como en un nuevo viaje a España tomó contacto con sus coterráneos de Valencia y entusiasmó a varios de ellos -casi 30 familias- a trasladarse a Argentina, seguros de que aquí les esperaba la fortuna. Así se contó con los Villalba, Latorre, Ferrer, Peixo, Saval, Maset, Garrido y otros.

Sin embargo, aquí les aguardaba lo difícil. La fallida empresa, que duró poco más de un año, fue abandonada. Los colonizadores pidieron rendición de cuentas a Blasco Ibánez, pero él, ante el tremendo fracaso de su gestión, un día desapareció. Hay quienes comentaron que tuvo que hacerlo disfrazado, ante la ira de aquellos que "vinieron por lana y salieron trasquilados".

Pero no todo fue inútil. Algunos españoles se quedaron porque confiaron en la tierra, y también quedó creada con ellos la colonia Cervantes que hoy sigue mostrando su pujanza y esfuerzo.

De Blasco Ibáñez, dijo el premiado con el Nobel de Literatura Anatole France en 1928: "Su obra más grandiosa ha sido la novela de su vida".


Comentarios


Una empresa fallida, un pueblo que nace