Una escala hacia el 2007



La elección que se avecina y la campaña política que está en marcha representan apenas una escala técnica para varios de los candidatos que se anotaron y para otros que no figuran pero que actúan detrás de bambalinas.

Para conservar su cuota de poder y no arruinar el sueño de la campaña presidencial, el gobernador Jorge Sobisch confía en el enorme poder que tiene la estructura de su partido y en la potente influencia que ejerce el Estado sobre buena parte de los habitantes de esta provincia a través del empleo, de los subsidios a los desocupados y la ayuda social, por mencionar sólo algunos de los instrumentos de presión a los que se echan mano, particularmente en tiempos electorales.

El gobernador apuesta, además, a factores externos que pueden ayudarlo si se activan, o él contribuye a hacerlo, las contradictorias fuerzas que conviven en el heterogéneo Frente Cívico para la Victoria.

Para Sobisch, un resultado mediocre en las urnas sería el equivalente a una derrota y comprometería tanto su liderazgo en la política interna como también su estrategia de inserción nacional.

El otro actor con protagonismo, el intendente Horacio Quiroga, pone en juego la gobernabilidad de su gestión en la ciudad de Neuquén para los próximos dos años. En octubre se renovará la mitad de los integrantes del Concejo Deliberante y si al intendente el resultado no lo acompaña, estará en discusión su candidatura a gobernador para el 2007.

En el Movimiento Popular Neuquino (MPN) y en el Frente Cívico existen otros dos dirigentes que prefieren pasar en esta instancia electoral inadvertidos, o directamente hacerse invisibles si existiera esa posibilidad. Aunque no juegan directamente en esta ocasión, Jorge Sapag y Oscar Parrilli están lejos de ser espectadores porque los resultados de octubre condicionarán sus proyectos a futuro.

En el partido provincial, Sapag, un dirigente que ya trabaja con el objetivo puesto en la lucha por la gobernación, tomó distancia de Sobisch.

El ex vicegobernador sabe que esa relación fría y distante que ha establecido tendrá un elevado costo si el gobernador vence en las urnas.

En esa hipótesis, Sapag quedará afuera del esquema de reparto de poder en el partido provincial, tal como le ocurrió en el 2003 cuando se retiró de la fórmula a último momento.

En el Frente Cívico para la Victoria, Parrilli es el hombre que no quiere asomar la cabeza, que ejerce una condicionada influencia en el peronismo neuquino y que ha cultivado una trabajosa relación con Quiroga.

Al actual secretario general de la Presidencia le puede suceder con Quiroga lo mismo que a Sapag con Sobisch. Si Parrilli finalmente se entusiasma con la candidatura a gobernador, el intendente de Neuquén puede transformarse en su sombra en caso de obtener una buena cosecha en las urnas el 23 de octubre.

En los últimos días, el intendente volvió a la carga con la posibilidad de presentarse como candidato a convencional, ahora que sabe que el gobernador encabezará la lista por el oficialismo provincial.

A Quiroga le atrae la idea de medirse con Sobisch. Sabe que es una forma de posicionarse frente a la puja, ya abierta por cierto, de los liderazgos futuros.

Sin embargo, la de Quiroga es una jugada que, de llevarla a cabo, suma riesgo a su proyecto, aunque si el éxito lo acompaña, su camino quedaría definitivamente libre de obstáculos para la candidatura a gobernador en el 2007. Por el contrario, una caída frente al gobernador sería fatal para su proyecto político.

 

Una tormenta

Pero antes de pensar en el futuro, el intendente de la capital debe resolver un complicado frente de tormenta: el conflicto sindical de los trabajadores municipales que lleva 40 días.

La huelga nació por una puja salarial y provoca trastornos políticos a la gestión del intendente y problemas reales a los vecinos; se encuentra, desde el inicio, bajo la influencia del MPN.

El candidato a diputado nacional por el Frente Cívico, Oscar Massei, dijo esta semana que el gobierno, a través de esta lucha sindical que lidera Luis Martínez, un hombre identificado hasta con la campaña presidencial de Sobisch, “socava la gobernabilidad” del intendente.

Sus declaraciones dispararon un debate en el que intervino hasta el propio mandatario provincial. Con ironía, Sobisch le respondió al ahora kirchnerista Massei con la siguiente frase: “Eso no se lo puede creer nadie. Sólo se lo puedo aceptar (a alguien) que ha despertado y ha salido a hacer campaña”.

Quiroga, quien coincide con la lectura que hizo el candidato frentista, debe tener en cuenta que a medida que transcurre el tiempo ya no será suficiente la teoría del complot para justificar los problemas preexistentes y los que derivaron de la huelga.

Para la opinión pública ya está claro que el paro de los municipales, que tuvo episodios de violencia y actos de intolerancia, lleva el sello del MPN.

Pero los vecinos también van a juzgar al intendente por sus habilidades para superar los conflictos que se presentan, aun en las condiciones más adversas como las que le plantean Sitramune y el MPN.

A Quiroga lo pusieron a prueba. El examen durará hasta el 23 de octubre.

 

Gerardo Bilardo

gbilardo@rionegro.com.ar


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