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Una historia de oro del norte neuquino

Los pirquineros y su vida, los primeros pobladores chilenos, gringos y criollos de la Cordillera del Viento, reunidos en un libro que habla de la minería y que se presenta mañana.





NEUQUÉN.- Si la historia contemporánea de Neuquén está asociada estrechamente con el petróleo es posible arriesgar una hipótesis respecto de los últimos años del siglo XIX y los primeros del siguiente en relación con el oro. En efecto, la vida social y cultural de los parajes y pueblos apenas fundados en el norte de la provincia a partir de l880 puede explicarse a partir de la explotación, elemental primero y de modo industrial más tarde, del oro.

Dos grupos principales protagonizaron esa ilusión transformada en espíritu de empresa: familias y mineros chilenos, la mayoría lavadores o pirquineros por un lado, y geólogos, inversores y aventureros de origen anglosajón o europeo por otro. Como parte del escenario también aparecen antiguos pobladores rurales, bandoleros, mujeres que ejercen actividades empresariales o comerciales, funcionarios del recientemente creado Territorio Nacional y, otra vez, aventureros pero en este caso con documentos de identidad argentinos.

Un relato de treinta años de esa historia, que abarca el período que va desde la gobernación de Manuel Olascoaga en 1890 hasta Eduardo Elordi hacia 1915 es el tema del libro «Oro en la Cordillera del Viento», del historiador e investigador Hugo Alberto Bustamante que será presentado mañana a las 21 en el auditorio del Consejo Provincial de Educación, en Belgrano y Colón, en esta capital. Sobre el trabajo hablarán Santiago Polito Belmonte y Luis Figueroa y Mirian Laurino, viuda del autor.

Bustamante murió a poco de finalizar su investigación. El libro fue continuado por su familia -intervinieron en el diseño, diagramación y producción de la edición-.

En el prólogo, explicó que «el conjunto de la exposición gira en torno de tres componentes: el oro y la actividad minera; las políticas nacionales y las acciones del gobierno territorial en relación con el desarrollo del área específicamente aurífera y, por último, la participación de los vecinos a escala local, contexto en el que la fundación de Andacollo constituiría el foco de atención».

Este último punto no es menor, ya que la investigación de Bustamante le permite afirmar que Andacollo existe como tal a partir de una visita de Eduardo Elordi en su carácter de gobernador interino -en noviembre de 1906, por ausencia de Carlos Bouquet Roldán- al entonces paraje El Durazno.

En el contexto de esa visita, los vecinos del lugar informan a Elordi su proyecto de fundación del pueblo. La hipótesis de Bustamante es que la fecha indicada para ese acto es el 10 de noviembre de 1906, y que se trató de un «acto de entrecasa». El autor cita al corresponsal del diario La Nación, quien indicaba que solamente «quedaba por delante la tarea de solicitar del gobierno la aprobación de este acto» (fundacional).

El libro se desarrolla en 18 capítulos y cuenta con un anexo documental. Aborda las cronologías institucionales, las corrientes migratorias, describe el imaginario social en torno del oro, analiza las tensiones económicas y políticas existentes entre los grupos sociales y de poder en cuanto a la explotación aurífera y su incidencia en la geopolítica de la época.

Por momentos, su lectura parece la de una novela: es el caso del relato de los hechos de bandolerismo, por ejemplo. Quizás se deba a la importancia otorgada por el autor a la fuente oral de la historia, y por lo tanto lo considera una «coproducción» entre historiador y entrevistado. Y lo explica: «reducir el texto histórico (entrevista) a una fuente oral en tanto insumo privilegiado del historiador profesional es dar por supuesta una jefatura sobre el conocimiento del pasado, jefatura que regularía efectivamente la producción de interpretaciones ´verdaderas´ sobre el hecho histórico». La «efectiva democratización del saber histórico» resulta, entonces, uno de los objetivos principales del trabajo.

Pero además, a continuación, y como propósito de todo autor, se aguarda la continuación de esa «coproducción», esta vez con el lector.

 

GERARDO BURTON

gburton@rionegro.com.ar


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