Una jauría atacó un corral y despedazó a 140 aves

Ocurrió en un puesto de la colonia Nueva Esperanza de Neuquén. Gallinas, gansos y patos muertos quedaron esparcidos en el suelo. A pocos metros había ocurrido algo parecido con conejos.



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El paisaje es desolador. Los perros salvajes cavaron en la tierra para pasar por debajo del alambrado y "mataron por matar", dicen.

NEUQUÉN (AN).- Una jauría mató 140 aves de corral -entre gallinas, patos y gansos- en un puesto de colonia Nueva Esperanza, un emplazamiento metido en la meseta donde la gente cría animales para sobrevivir.

El cuadro resultante parecía salido de una película de horror: cebados por el olor a sangre, los perros sembraron el suelo apisonado de tierra de presas mutiladas.

Este episodio ocurre cuando está en debate la revisión de la calificación de Neuquén como municipio ni eutanásico con los perros.

Hace un tiempo, a unos 300 metros de este lugar, perros cimarrones devoraron una producción de conejos listos para salir al mercado.

Para la criancera Mirta Mamani la pérdida fue total y eso le significará volver a empezar y más, porque debe reintegrar el 20% de un subsidio al que accedió para producir gallinas.

El ataque ocurrió en la madrugada de ayer: los perros cavaron debajo del alambrado perimetral, se metieron en los corrales y mataron a las aves a dentelladas.

“Cuando me levanté y vi el tendal de animales muertos

sentí una presión fuerte en el pecho; es que me da tanta lástima verlos así, destrozados… los perros no comieron, mataron por matar nomás. Pero después me tranquilicé y pensé 'esto es material, puedo empezar de nuevo”, contó esta mujer de corazón grande todavía shockeada por lo que había sucedido.

Acostumbrada al trabajo duro, Mamani atiende y cría animales, construyó un vivero que produce hortalizas todo el año, ara la tierra, plantó un maizal, riega todo a pulmón y

cuida su casa.

Faltaba una semana para que los pollos parrilleros estuvieran listos para ofrecerlos en el mercado y obtener algunos pesos. Sería su primera experiencia. Pero ahora, sin aves y sin posibilidades de ingresos, Mamani se quedará con los pocos pavos y carneros que le quedan para garantizar un plato de comida a su familia.

En Nueva Esperanza, la economía es de subsistencia y nada es sencillo: los inviernos son duros y los veranos impiadosos, la tierra es árida, no hay agua.

Cada dos días la municipalidad distribuye el apreciado líquido, aunque es habitual ver a los crianceros tirando carros repletos de bidones cada vez que el camión se retrasa.

Las viviendas en la meseta son humildes y desde hace unos años, los pobladores tratan de pasar al escalón siguiente de la economía de subsistencia organizándose en una cooperativa agropecuaria con diversificación en la producción.

El municipio les dio una mano sirviendo este año de nexo con Nación para el otorgamiento de subsidios del programa “Manos a la obra” para la cría de animales con granos. Las andanzas de los perros, sin embargo, entorpecen esta transformación.

Mamani pidió que “alguien haga algo. Para mí fue la primera vez, pero cada dos por tres matan animales. Andan sueltos, sin dueño.Yo les seguí el rastro: estos son grandes, como diez y viven en campo abierto. Ahora tengo miedo de que regresen a matar a los animales que me quedan”.


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