Una pelea por mejorar en medio de la crisis



Contexto

La “guerra de las divisas”, que amenaza la reactivación mundial según ciertos expertos, enfrenta a ricos y emergentes con acusaciones cruzadas de manipulación monetaria, haciendo caso omiso de la cooperación internacional surgida tras el estallido de la crisis económica y financiera. Mientras los márgenes de maniobra presupuestarios y monetarios clásicos para sostener la reactivación son reducidos, varios países recurren al arma de los tipos cambiarios de manera más o menos asumida. La depreciación de una moneda, e incluso directamente su devaluación, permite impulsar las exportaciones y empujar así la economía. El principal problema de esta política es que se lleva a cabo en detrimento de los socios comerciales y acentúa los desequilibrios del comercio mundial, exactamente lo contrario de lo que preconiza el G20 de potencias industrializadas y grandes países emergentes. En este contexto, el yuan parece ser la principal fuente de conflicto, ya que Estados Unidos y Europa acusan desde hace años a China de mantener su moneda a un nivel artificialmente bajo. Según Washington, las autoridades chinas frenan la apreciación del yuan comprando divisas extranjeras. China tenía al 30 de junio pasado las reservas de divisas más grandes del mundo, con cerca del 30% del total, es decir unos 2,447 billones de dólares. Pero China no es la única acusada y las denuncias van y vienen de un continente a otro. Así, para Pekín, los norteamericanos convierten el yuan en “chivo expiatorio” de sus dificultades económicas. Estados Unidos y Europa también critican el intervencionismo de otros países, como Brasil, que busca obstaculizar la apreciación de su moneda, el real. Japón, que intervino a mediados de septiembre para hacer bajar el yen, acusa a Corea del Sur de buscar contener al won. Y Europa sospecha a su vez que Washington está satisfecho de la baja del dólar, ya que estimula las exportaciones norteamericanas en un momento en el que su reactivación tiene dificultades. Por último, está el movimiento de capitales, que actualmente se dirige hacia los países emergentes a raíz de los mejores rendimientos de sus bonos y del buen crecimiento económico a pesar de la reciente crisis. Estos movimientos, a veces especulativos, contribuyen a impulsar al alza ciertas monedas regionales –con excepción del yuan, que está anclado al dólar–. Por ello, Brasil, Tailandia o Corea del Sur tomaron medidas para intentar desacelerar el ingreso de capitales.


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