Una Selección que se desarma y sangra

Contra Nigeria será a todo o nada y ni así los principales actores de la Albiceleste parecen unidos en pos del único y urgente objetivo: ganar para seguir.

Por Redacción

Rostros de preocupación, sin sonrisas, con Jorge Sampaoli por un lado y los futbolistas por otro. Esta es la imagen que transmite la selección argentina a 48 horas de jugarse la permanencia o no en el Mundial de Rusia que recién lleva diez días.

Pese a que la reunión poscena del viernes por la noche intentó congeniar opiniones y sentimientos diversos, lo concreto es que los jugadores no están conformes con las idas y vueltas del entrenador. “Los vuelve locos con sus constantes cambios de sistemas y jugadores”, reveló una fuente cercana a los jugadores en Bronnitsy.

Lionel Scaloni fue el nexo entre cuerpo técnico y los futbolistas en el comienzo de la práctica, mientras el entrenador transitaba a 30 metros de sus dirigidos sin abandonar su cuaderno de anotaciones.

Los ingresos de Franco Armani y Cristian Pavón avanzan con el paso de las horas, así como la idea primigenia de afrontar el cotejo ante los nigerianos con línea de cuatro. Sin embargo por estas horas, en la concentración argentina no se habla de cómo formará el equipo para el decisivo partido que lo mantendrá o no en el Mundial.

Después de una brisa de tibia esperanza provocada por la victoria nigeriana del viernes sobre Islandia, los gestos adustos volvieron. Y encima el as de espadas, Lionel Messi, que cumplirá hoy 31 años, tampoco pasa por su mejor momento anímico.

Las versiones cruzadas con información sobre las internas que por estas horas tienen en llamas la vida íntima del seleccionado. Desde que los jugadores la habían solicitado al técnico que diera un paso al costado para eventualmente ser reemplazado por el secretario técnico Jorge Burruchaga, hasta que los jugadores habían tomado el mando del equipo y lo armarían en función de los históricos de esta generación que ya vio pasar por sus manos a varios entrenadores.

Sin tiempo para analizar demasiado la situación, el presidente de AFA Claudio Tapia, decidió salir a la palestra para evitar un papelón internacional. Chiqui actuó de mediador entre el técnico y los jugadores, aunque no para limar esas diferencias que ya no tienen marcha atrás, sino para atenuar el temporal y evitar el escarnio público, aunque para adentro las cosas sigan igual de mal.

La relación entre el cuerpo técnico y los jugadores está definitivamente desgastada y ya no habrá vuelta atrás, dicen puertas adentro de la concentración. Las mala vibra y el hastío, constituyen una fórmula difícil de digerir cuando está por delante un partido decisivo en un campeonato mundial. Ni más ni menos.


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