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Una sociedad preparada para lo peor





Jishin (terremoto) es una de las primeras palabras que se aprenden al llegar a Japón. “Nunca sabes cuándo puede llegar de nuevo el daishinsai (el gran terremoto) ni qué es lo que estarás haciendo en ese momento”, es también una frase de uso común en Tokio. Toda construcción en Japón debe aprobar unas evaluaciones periódicas para certificar que cubiertas y cimientos son capaces de resistir sacudidas fuertes. En caso de no aprobar la revisión, el edificio es desalojado para someterse a reformas o para ser demolido. Japón es probablemente el país del mundo más preparado para afrontar terremotos y donde se realizan más simulacros. Todo residente en Japón debe saber cuál de las zonas de evacuación de su vecindario es a la que le corresponde acudir en caso de emergencia. Televisiones, radios y megafonías instaladas en casi cada barrio del país emiten las órdenes de desalojo siempre que se considere que el temblor ha sido muy fuerte. La megafonía colocada en calles, playas y puertos es también la que alerta sobre el riesgo de tsunami. Una vez activada la alerta de tsunami, siempre unos pocos minutos después del temblor, la web de la Agencia Meteorológica de Japón (JMA) y todas las cadenas de televisión despliegan un mapa informativo con un código de colores que indica en metros las subidas del nivel del mar que se esperan en cada región. Para los televidentes nipones es corriente ver la programación habitual con ese mapa sobreimpresionado en la parte superior derecha de la pantalla, y que permanece operativo hasta que la JMA desactiva las alertas. Hay además varias reglas que las comunidades de vecinos intentan inculcar. Se deben mantener despejadas puertas y pasillos, cerrar las llaves del gas o utilizar estufas con función de autoapagado sensible a terremotos. Otro requisito es tener preparada una mochila aprovisionada con material de emergencia. Entre otras cosas, se aconseja tener guardados tres litros de agua por persona, comida que no requiera preparación, como galletas o sobres de arroz que se venden para emergencias, un botiquín, una radio, una linterna con pilas y dinero, procurando tener varias monedas de 10 yenes para utilizar las cabinas telefónicas. (Fuente “El País”)


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