Una tensa vigilia

Por Héctor Mauriño

Redacción

Por Redacción

Apesar de que el gobierno ha manifestado en más de una oportunidad su voluntad de garantizar la «paz social» y de que Jorge Sobisch ha dado cuenta en distintas oportunidades de que en buena medida eso se ha logrado, los cortes de ruta registrados esta semana en Centenario, así como las frecuentes movilizaciones de desocupados que se suceden aquí y allá sin solución de continuidad, dan cuenta de que la mentada pacificación es más una expresión de deseos que una preciada realidad.

Los acontecimientos de Salta, con enfrentamientos que dejaron un saldo de muertos, heridos y desaparecidos, constituyen por la similitud con la realidad social neuquina, una muestra más de que en la conflictiva zona petrolera local más que paz existe una tensa vigilia.

No en vano, el gobierno nacional, que acaba de admitir su impotencia para solucionar un problema tan trivial como el cambio de horario, rescató esta semana un artículo de la ley de Competitividad de Cavallo para elaborar a las apuradas un plan de «reactivación», dotado de distintos beneficios fiscales, con miras a evitar que las llamas de Mosconi y Tartagal se propaguen a otros municipios empobrecidos del país como Cutral Co y Plaza Huincul.

Según un informe de la Side sacado a relucir por el titular del bloque de la Alianza Darío Alessandro, Neuquén se cuenta entre las provincias# a las que se podría extender el incendio salteño, a raíz del dramático cuadro social de parte de su población.

Luego de las puebladas de 1996 y 1997, que inauguraron en todo el país la metodología de los cortes de ruta, Cutral Co y Huincul han vivido una tensa calma, apenas sostenida con un aluvión de subsidios y planes temporarios de empleo.

En Plaza Huincul la desocupación es del 16% y en Cutral Co del 40%. En esta última ciudad, unas 2.400 personas están sostenidas con paliativos sufragados por la provincia o la Nación. Cada vez que que se interrumpe alguno de esos beneficios fatalmente afloran protestas y cortes de ruta.

Desde diciembre del año pasado, ex empelados de YPF mantienen un piquete ante las instalaciones de la destilería de Repsol, en demanda del cobro de las acciones que les corresponden por el Programa de Propiedad Participada creado con la privatización de la empresa.

No hace falta ser adivino ni haber vivido los días turbulentos de las dos puebladas, para comprender que bajo Cutral Co y Huincul sigue encendido un volcán.

Por si la violencia social latente fuera poco, en los últimos tiempos se suceden hechos de violencia que dan testimonio de una sociedad al borde del colapso. Estos días se comenzó a ventilar el juicio a Sara Ibáñez, la mujer acusada de degollar y balear a su esposo y a sus dos hijos en vísperas de la Navidad de 1999.

La semana comenzó con una riña entre vecinos que dejó un saldo de tres muertos, y dos heridos graves.

No hace mucho los vecinos conocieron con estupor el caso de un menor presuntamente asesinado entre las paredes de la vivienda familiar.

Los enfrentamientos entre grupos de jóvenes, y entre éstos y la policía son moneda corriente en los barrios pobres, a menudo con saldos trágicos para sus protagonistas.

Todos estos hechos dan cuenta de un clima de violencia soterrada que hace honor a la voz indígena «agua de fuego» y que abreva en el grave cuadro social de una comunidad librada a la deriva desde que se privatizó la petrolera estatal.

En un trabajo publicado esta semana en «Río Negro», dos historiadoras de la Universidad del Comahue recuerdan el origen turbulento y las precarias condiciones de vida de los primeros pobladores de «Barrio Peligroso», como se llamó en un principio Cutral Co, a partir del descubrimiento de petróleo en 1918 en Plaza Huincul.

Sobisch se ha lanzado en este último tiempo a criticar sin reservas al gobierno nacional -algo que no por justificado resulta original- y varias de sus expresiones podrían resultar certeras. Como la propuesta de eliminar el ministerio de Desarrollo Social de la Nación, un monumento a la burocracia que en lugar de aportar soluciones las dilata y complica más allá de lo tolerable.

Tampoco se equivoca demasiado el gobernador cuando fustiga a los gobiernos peronistas y radicales que han contribuido a llevarnos a la inédita situación económica y social de la actualidad.

Claro que nada de todo esto resulta del todo creíble pronunciado por un gobernante que pretende poner a su gestión como modelo cuando, como se ve en el caso de Cutral Co y Huincul, todavía le quedan graves problemas por encarar.

Más le valdría al gobierno dejar su triunfalismo y sus sueños de exportar el modelo , propios de un discurso impregnado de artificios electoralistas, para ocuparse de la cruda realidad que le compete.

Una encuesta de las muchas que andan dando vueltas en esta ciudad da cuenta de que los dos problemas más graves que visualiza la gente son la falta de trabajo y la inseguridad.

La muestra también recoge la inquietud de los consultados por los 10 mil puestos de trabajo que el gobierno prometió crear a través de su «alianza estratégica» con Repsol.

Sin duda una promesa tan sensible como esa ha contribuido sostener el respaldo que el gobierno ha venido exhibiendo hasta el momento en todos los sondeos. Pero es evidente, a la luz de las preocupaciones que recoge la encuesta, que así como una promesa de esa naturaleza no ha pasado inadvertida para nadie tampoco lo pasaría su manifiesto incumplimiento.


Apesar de que el gobierno ha manifestado en más de una oportunidad su voluntad de garantizar la "paz social" y de que Jorge Sobisch ha dado cuenta en distintas oportunidades de que en buena medida eso se ha logrado, los cortes de ruta registrados esta semana en Centenario, así como las frecuentes movilizaciones de desocupados que se suceden aquí y allá sin solución de continuidad, dan cuenta de que la mentada pacificación es más una expresión de deseos que una preciada realidad.

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