Una vida que duele demasiado



La obstinación por autodefinirse, la prístina lucidez con que analizaba hasta los hechos más insignificantes de su vida y la épica voluntad de transformarlos en literatura, termina dando una obra singular, compleja. Sus nueve novelas son una verdadera comedia humana, uno de los ciclos narrativos más densos y dramáticos de la narrativa italiana y uno de los más importantes en la descripción de ambientes sociales. La vida de la pequeña burguesía urbana y campesina, las miserias y bondades del Piamonte rural y urbano, sobre todo Turín; la guerra y la posguerra desde la mirada de intelectuales de provincia, son algunos de los temas desarrollados en sus novelas. Sus personajes viven siempre la angustia de la soledad, y en algunos casos cuando logran saltar ese difícil vallado, viene la desazón por todo contacto humano. La incomunicación, que lo torturaba en su propia vida, se vuelve un tema recurrente en sus narraciones.

La columna vertebral de toda la obra de Pavese pasa por transformar instantes de experiencia en instantes de absoluto; tener (hacer) un estilo y ser ese estilo. Por eso sus reflexiones y estudios en torno del mito serán fundamentales para cimentar su estética. Gran lector de Vico, sostiene que es el recuerdo, la memoria la que da el conocimiento, y es misión del artista abrevar en aquel tiempo en que las cosas no estaban deformadas por la visión del hombre maduro, y ese tiempo es la infancia. De esa visión se desprende un determinismo en el que el pasado condiciona el presente y el futuro. A lo largo de su vida buscará transformar lo irracional, lo mítico en claridad, en literatura, como una operación catártica. Esto tiene sus riesgos, porque una vez que se ha hecho luz sobre los mitos de su propia vida, ¿cómo continuar? ¿qué escribir?

Además de sus novelas y sus dos libros de poemas, merecen destacarse sus diarios “El oficio de poeta” y “El oficio de vivir”. Son ellos la guía más cabal para adentrarnos en el intrincado y tormentoso mundo de Pavese y su obra. Estos diarios no son el mero registro de anécdotas y reflexiones de su vida, sino son porciones esenciales de la misma, indagación profunda de la existencia. Para Pavese la vida es ser y hacer, y esto se logra en la escritura.

El gran tema de “El oficio de vivir” es cómo se transforma la vida en literatura, cómo se va haciendo escritura. Asistimos a lo largo de sus páginas a un espectáculo que sabemos terminará mal; porque la batalla está perdida de antemano. Trastrocar la vida en escritura es un imposible, y quien lo logra (como en muchos momentos lo hizo Pavese) termina, tarde o temprano sepultándose en un abismo.

El Oficio de vivir es en el fondo una heroica resistencia contra el suicidio, un ejercicio de autoanálisis en el que asistimos a una progresiva autodestrucción. Las últimas palabras de su diario escritas el 18 de agosto de 1950 pueden sonar grandilocuentes, teatrales, impostadas en otro, pero en Pavese son la máxima sentencia: “No más palabras. Un gesto. No escribiré más”. Sobrellevó su agonía 9 días más hasta el silencio definitivo. Si no había palabras para qué iba a haber vida. Con él se extingue una de las voces más desgarradoras de la Europa de posguerra.

Me sigue dando vueltas el joven de mi pueblo, además no sé por qué lo imagino joven; y me sigue intrigando qué diría Pavese, pero si alguien pinta unos versos en un sendero medio siglo después a miles de kilómetros, separado por el mar de dos lenguas, la literatura está plenamente justificada.

1. Las citas son de

“El oficio de vivir”.

Néstor Tkaczek

ntkaczek@hotmail.com

U na huella profunda

La huella de Pavese en la Argentina fue profunda. Traducido desde los años cincuenta por Rodolfo Alonso, Hugo Gola y Marcela Milano, una turinesa nacida cerca del pueblo de Pavese, fue leído con avidez en la década del “50 y los “60, para luego paulatinamente entrar en un cono de sombras en cuanto a su popularidad. Muchos escritores manifiestan su admiración por Pavese, entre ellos Álvaro Abós, Mayra Montero, Elías Canetti, Calvino. En algunos, por ejemplo Saer, es impensable su concepción estética sin la influencia del escritor piamontés.

La editorial Bruguera editó a fines de la década del “70 gran parte de su obra, hoy muy difícil de hallar en los fondos de catálogo. Actualmente Tusquets ha reeditado Diálogos con Leucó; y el año pasado, al cumplirse los 50 años de su muerte, la editorial Einaudi reeditó sus obras completas que en poco tiempo llegaron a los 200.000 ejemplares vendidos.

Alguna de sus obras son:

Poesía: Trabajar cansa (1935), La tierra y la muerte (1945), posteriormente reunidos con otros poemas y editado póstumamente bajo el título Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (1950).

Narrativa: De tu tierra o países tuyos (1939), El bello verano (1940), Feria de agosto (1944), El compañero (1946), Diálogos con Leucó (1948), La casa en la colina (1948), El diablo en las colinas (1948) y Entre mujeres solas (1949), La luna y las fogatas (1949).

Diarios: El oficio de vivir (1960)

S u poesía

La poesía de Pavese va contra las tendencias dominantes de su época. Cuando publica Trabajar cansa en 1936, la obra pasa casi inadvertida para la crítica. Es el momento en que lo poético está dominado por los líricos del hermetismo poético, Ungaretti, Montale son los líderes visibles de este movimiento. Pavese propone una poesía objetiva, quiere evitar el lirismo, el dato sentimental privado. Quiere una poesía clara, sencilla, descriptiva, una “poesía-narración” como él la llama.

Sostiene que la poesía narrativa tiene poca vigencia en nuestra época. A esta novedad de procedimiento le agrega una novedad formal, métrica. Utiliza un verso largo entre 13 y 16 sílabas, un verso propicio para la narración épica, para el ritmo monótono buscado expresamente, mediante repeticiones y palabras clave.


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