Una vida tras los secretos de rocas y volcanes

“La Patagonia es un libro muy lindo de leer”, dice Eugenio Aragón, un prestigioso investigador, geólogo y docente universitario, con devoción. Admira el sur argentino y los últimos 30 años de su vida los ha pasado, prácticamente, estudiando la Meseta de Somuncura. Observando, registrando, “leyendo” la historia que escriben sus rocas. En ese rumbo, ha dado con hallazgos sorprendentes. Explicó cómo ese extenso territorio argentino en forma “repentina” ascendió a una altura de 1.200 metros como un “corcho en un vaso de agua”.



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ROCA (AR).- Es un estudioso y verdadero admirador del sur argentino. De la Patagonia profunda y de sus mesetas, de sus contornos, de su origen. Explorador, investigador y admirador del paisaje. De las rocas, de su historia y de lo que ellas cuentan. Eugenio Aragón es geólogo y profesor de la Universidad de La Plata y de la UNRN e investigador del Conicet en La Plata. Los últimos 30 años los ha dedicado, prácticamente, a recorrer y estudiar –incansable- la casi inexplorada Meseta de Somuncura. Allí ha sabido comprobar “cómo los paisajes nos engañan”, dice, y cómo relatan, con enorme precisión -si se sabe “leerlas”- su vida pasada. Aragón también es un experto vulcanólogo y vigila con mirada atenta, sus hermosos volcanes viejos, inactivos por el paso de millones y millones de años, que han perdido el tan temido protagonismo que hoy ostentan otros, pero que no dejan de revelar secretos. Como “ese” pequeño “detalle” que el profesor revela: la meseta, que alguna vez estuvo bajo el mar, se elevó y elevó hasta un nivel que superó lo impensado: 1.200 metros de altura. Fue un proceso “repentino” que, no deja de sorprender a expertos, porque se formó “muy rápidamente”, en tan sólo 5 o 10 millones de años y –según creen- se frenó bruscamente “hace poco tiempo”, según los geólogos. “Subió como un corcho en un vaso de agua”, cuenta, con el asombro que traducen y contagian sus ojos. Esta es parte de una entrevista, realizada al docente e investigador. –Aragón, ¿cómo es eso de dedicar 30 años de su vida a la Meseta de Somuncura? –Fue el destino. Cuando empecé a estudiar, me tocó hacer el servicio militar y me llevaron a Bariloche, ahí me enamoré del sur, volví a estudiar a La Plata, terminé Geología y siempre elegí temas para trabajar en esta zona. –¿Cómo es esa zona? ¿Cuál es su atractivo? -–Es una zona de gran variedad de rocas volcánicas que ocultan todo tipo de secretos. Los basaltos de la meseta tienen unos 25 o 30 millones de años y, realmente, el geólogo es un observador y lector de paisajes. El oficio del geólogo es interpretar lo que esas rocas están diciendo, la Patagonia es un libro muy lindo de leer porque no tiene vegetación arriba, allí se ven todos los elementos disponibles para interpretarlos. El gran secreto es saber ver desde distintos ángulos y con otras ideas. –¿En que consiste tu trabajo? –El trabajo empieza por empezar a mapear. Hacer un buen mapa donde esté lo mejor diferenciado posible las distintas unidades en espacio y tiempo, tratar de ver de qué edad es cada roca y cómo se formó, porque de esa manera uno saca la sucesión de eventos. Con eso se puede empezar a interpretar la historia geológica, cómo se fueron sucediendo los eventos que dieron lugar a que aparezcan esas rocas. Ellas guardan los registros, cada roca es un libro y uno puede ir reconstruyendo todo lo que pasó. -–¿Qué es lo que cuenta la Meseta? –Muchas cosas que no dejan de llamar la atención. Por ejemplo, que en el macizo norpatagónico hay rocas muy viejas, de basamento cristalino, y después tenés rocas de origen marino que cubren a esas rocas. El basamento cristalino se genera cuando, por algún proceso orogénico, es decir de formación de montañas, se forma una montaña y es erosionada totalmente, aplanada, y vos ves las raíces. Lo único que le queda es la raíz al nivel del mar. Tenemos un basamento cristalino muy viejo, de montañas de 400 millones de años atrás y estamos hablando que arriba de esas rocas tan viejas aparece una capa de sedimento marino que tiene nada más que 60 millones de años. Es decir, el límite entre el Cretácico y el Terciario. En el Cretácico todavía había dinosaurios y en el terciario ya estaban extintos, es decir esas capas que están arriba del macizo de la meseta de Somuncura, son de ese momento en que se extinguen los dinosaurios y empieza el Terciario. –¿Qué significa todo esto? –Y... lo que llama la atención es que están esas capas marinas y después los basaltos arriba, y ¿a qué altura está eso? ¡A 1.200 metros sobre el nivel del mar!, entonces uno piensa ¿cómo llegan depósitos marinos de hace 60 millones de años hasta esa altura, sin deformarse?. Están en la meseta de Colitoro, en la meseta de Somuncura, a 1.200 metros de altura, en El Caín. Entonces lo que vemos es que toda esa zona tan extensa, estaba a nivel del mar, bajo el mar, y ahora está a 1.200 metros arriba. Recién después de eso vienen los basaltos que se derraman ahí arriba y lo cubren. Eso explica por qué salen los basaltos, por qué se produjeron esas efusiones de magma. Normalmente lo que sucede es que cuando la corteza sube repentinamente, el manto que está debajo se descomprime, es decir se funde porque está a alta temperatura y genera esas coladas basálticas que son las que cubren. –Es decir que la Meseta se levantó de golpe. ¿Cuánto es “repentino”? –El ascenso del macizo debió ocurrir en un lapso no mayor a los 5 o 10 millones de años, eso es rápido, para nosotros. –¿Y cómo fue el proceso? –Si nos desplazamos hacia el oeste tenemos Los Andes y vemos que tienen otra forma de levantarse, levantan por la compresión de la placa oceánica, el mecanismo es distinto, aparecen pliegues, la roca se dobla como la hoja de un papel. Pero este bloque no, se levantó como un corcho que uno está sosteniendo y de repente lo suelta y se levanta. Es otro tipo de formación de montaña, sube verticalmente. –¿Cómo se hicieron los estudios? –Hoy en día tenemos la ventaja de tener el auxilio de tecnología que nos permite medir desplazamientos reales, de bastante precisión, por eso están las estaciones de GPS. Pero hace 30 años, era pura observación, caminar y hacer fotografías aéreas. Hoy ten un GPS en la zona de El Caín, y donde vamos a medir todos los años. Hay un punto que hemos dejado fijo, desde el año pasado y ya hemos hecho dos mediciones. Una, coincidió, fue antes del terremoto de Concepción y la otra después. En ese punto se vio que, después del terremoto, bajó 4 milímetros. Es decir que esa zona de la Patagonia está 4 milímetros más abajo de lo que estaba hace un año y medio atrás. –Fuera de eso, ¿esa zona se sigue levantando? –Pensamos que está bajando, el proceso de levantamiento se terminó, posiblemente haya terminado hace 15 o 20 millones de años atrás. Esta elevación es muy llamativa porque es una de las pocas zonas que se levantó de esta manera, en Argentina. La zona que se comportó de esa manera es la que está comprendida entre el río Limay, el lineamiento de Gastre, el, lineamiento de los Chacays, del lado de Chubut, hacia el este, por el norte el lineamiento del Limay, y el de Gualicho, los bajos del Gualicho.

La Meseta de Somuncura bajo la lupa


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