Valentina Sur: el barrio que lucha contra el estigma social

Con actividades deportivas, cursos y capacitaciones pensadas para los más jóvenes, el sector logró cambiar su perfil signado por episodios de violencia. Hoy tiene 20.000 habitantes.



Valentina Sur es un barrio de contrastes que hace casi 20 años busca dejar atrás “el estigma que tenemos como comunidad. Porque es un barrio que no escapa a la realidad de todo el país”, explicó Paula Pino, licenciada en Servicio Social a cargo del centro de salud.

Los representantes de las instituciones públicas que allí trabajan, hablan del sector como si fuera una pequeña ciudad. Afirman que es un conglomerado de 20.000 personas y que han logrado un cambio de paradigma cultural: el objetivo es revertir un panorama que siempre pareció oscuro por medio del deporte, la educación y la salud.

La masacre del Limay fue un punto de inflexión. Aquel fatídico 14 de noviembre de 1998, cuando fueron asesinados Carlos Trafipán (16) y los hermanos Cayetano (17) y César Correa (14), fue el inicio de lo que hoy se conoce como la red interinstitucional de Valentina Sur: “nace a través de un problema de inseguridad, pero ha ido desplazándose y creciendo mucho”, explicó el director del CEF 13, Edgardo Gómez.

El proyecto tomó intensidad en 2012 cuando creció “exponencialmente el barrio”, agregó Osvaldo Di Tomaso que el director de Centro de Formación Profesional (CFP) N°5 en referencia a los loteos que hacen que ahora el barrio mezcle sectores muy humildes, como una toma, con otros de clase media y hasta un loteo cerrado.

Sin ir más lejos el alambrado de Urbanización Bosch, que atraviesa de punta a punta toda la barriada, todavía es una espina clavada para los vecinos más antiguos y un reclamo que sigue vigente para que sea removido. “Todavía tenemos pendiente sacar el alambrado que divide, pero depende del Bosch, no es la gente la Valentina Sur la que tiene el prurito”, contó.

Para los actores del lugar, esa valla grafica la historia lejana donde el nombre del barrio era sinónimo de peligro. Según Gómez “la relación ahora es otra, ellos tienen una sensación de ser parte, saben que son distintos, de la misma manera que las 99 viviendas, las 140, pero están en terrenos que saben que pertenecen al mismo barrio. La gente fue cambiando, ahora tenemos los hijos de aquellos papás que por ahí tuvieron un pasado conflictivo. Estas mismas personas fueron cambiando”.

Pino agregó que “la identidad del barrio cambió con el sentido de pertenencia que tienen las familias. Las primeras familias y todos sus hijos, nietos, las generaciones no se han ido, se han quedado en el mismo barrio. Hay una elección de esto, de quedarse en el lugar de mandar a los hijos a la misma escuela que fue uno. Es el sentido de pertenecía que le da cierta identidad”.

“En 2009 teníamos 2 aulas con 5 cursos y 6 personas. Hoy tenemos 20 cursos, 4 talleres y atendemos a un promedio de 300 personas por año”,

relató Osvaldo Di Tomaso, el titular del Centro de Formación Profesional 5.

Capacitaciones y cursos a medida

“Yo tuve que venir a una institución que tenía serios problemas con el consumo. Convivían las drogas acá adentro, había grupos violentos. Tuvimos que empezar a embeber esa situación y ver cómo lo neutralizamos con los docentes. Tenemos que participar y no alejarnos porque no se podía convivir. Te pones en contra de los chicos que juegan al fútbol y olvidate de venir con un auto”, explicó Edgardo Gómez sobre el panorama que encontró en el CEF 13.

El docente agregó “no les tenés que dar el gusto, porque ellos buscan un límite, firme y creíble” y detalló que el camino fue abrir las puertas de la institución para contener a más chicos a través del deporte. Incluso tienen turnos después de las 22.

Osvaldo Di Tomaso dirige el CPF 5 y contó que “cuando llegué en 2009, cuando teníamos dos aulas con cinco cursos y seis personas. Hoy tenemos 20 cursos, cuatro talleres y atendemos a un promedio de 300 personas por año. Lo que fuimos haciendo fue trabajar viendo la necesidad del barrio, viendo a qué tenemos que apuntar y con qué tipo de cursos”.

Detalló que “nos encontramos que había muchas chicas jóvenes con hijos, que no tenían una salida, no tenían ni el secundario. Programamos cursos de auxiliar materno infantil que duró tres años y las prácticas las hicimos en jardines privados, donde la mayoría quedaron trabajando”.

Datos

“En 2009 teníamos 2 aulas con 5 cursos y 6 personas. Hoy tenemos 20 cursos, 4 talleres y atendemos a un promedio de 300 personas por año”,

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