“Vergüenza nacional”



Nuevamente, esa insidiosa palabra llamada “vergüenza” se ensaña con nuestra bicentenaria patria, esa que nuestros mayores lograron concretar con titánica dedicación. Una vez más la ausencia de políticas de Estado acertadas, capacidad de gestión y decisiones fundamentales que encuadren “a todos y todas” nos sumerge en una fosa abisal, cuyas consecuencias impactan (como siempre) en los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. El enrarecido clima de agresión permanente, el deliberado ocultamiento o desvirtúo de la información (recordemos que para el gobierno “Clarín Miente”; pero en realidad la sociedad ya tomó conciencia de que “Cristina & Cía. mienten”), el democráticamente inconcebible gesto de “sostenimiento” de gestores de pérfidas acciones y dudosa reputación, inclusive con causas por corrupción o enriquecimiento ilícito (léase Boudou, Moreno, De Vido, Mariotto, Jaime y el actual gobernador de Santa Cruz, Peralta, cuya familia a pleno adquirió valiosas propiedades en San Martín de los Andes, entre otras yerbas), la utilización indiscriminada de fondos y personas que, a posteriori, son o serán desechados en algún momento (léase Duhalde, quien fue el “mentor” de la era “K”, Moyano, Scioli y la lista sigue…), los niveles de inseguridad en permanente alza son características propias de una dictadura. Esta bendita tierra parece estar dirigida por un ejército rebelde en vez de un gobierno democrático (como se intenta vanamente hacer creer al mundo); la permanente y sutil “coincidencia” de que la totalidad de las causas que involucran a funcionarios nacionales recaigan en el juzgado del “soldadito cumplidor” Oyarbide, quien nunca pudo probar de dónde sacó los 250.000 dólares que le costó su último anillo (pero eso no interesa, es “un amigo de la casa”) y la insistencia en querer asemejarnos a la Venezuela chavista. Lamentablemente, y ante lo expuesto, podemos concluir que la violencia no es aislada sino que forma parte del hombre. Eso lo vio muy bien Freud en “El malestar de la cultura”. Asquea la corte de obsecuentes que rinden honores y pleitesía a la soberana tan sólo por unas migajas, bufones que administran provincias y ciudades o levantan la mano en ese bonito edificio llamado “Congreso Nacional”, exhibiendo una permanente actitud sólo comparable a los ofidios, inmersos en un gobierno con los niveles de corrupción más altos de la historia . La historia reciente sólo nos trae el nombre del entonces gobernador de la provincia de Neuquén, Jorge Sobisch, como el único mandatario que tuvo entre sus piernas los atributos necesarios para enfrentar al entonces presidente Néstor Kirchner. Regresando al prólogo de esta carta, y a riesgo de ser reiterativo, clamo: ¡me da vergüenza el gobierno de mi patria! Como así también ofende a todos los que somos verdaderos peronistas la grosera insolencia que tienen los funcionarios nacionales de invocar nuestra fuerza política. No olvidemos: el Frente para la Victoria no es peronista, sólo utiliza nombre y simbología de nuestro partido cuando la conveniencia lo obliga a hacerlo. Como doloroso ejemplo recordemos la poco feliz frase del tristemente célebre obsecuente de profuso bigote y marcada antipatía llamado Aníbal Fernández (hoy senador nacional), cuando expresó : “Me c… en la marcha peronista…”. Tampoco olvidemos que los gobiernos pasan y la complicidad también se paga. Sólo espero que la espada de Damocles deje de balancearse y finalmente caiga sobre las cabezas de quienes hoy, con la soberbia e indiferencia propia de aquellos que se pretenden próceres, no son más que excéntricos fantoches. Héctor Rodolfo Uzcudún, DNI 5.519.272 – Cipolletti


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