Viaje al centro del clientelismo



POSADAS. Es mediodía y Villa Cabello huele muy mal. El grueso de su casco urbano son “palomares” construidos hace años por el Estado. Ahí se hacinan 30.000 personas. Por todos lados hay pibes descalzos y alegres.

Abundan las gallinas y los perros, muchos perros. Y autos con hambre de chapista, guardados celosamente en garajes que son jaulas hechas con lo que se pudo.

Lo que no abunda en Villa Cabello es el trabajo. Y el que lo tiene, depende del Estado.

Y sobre un lateral de Villa Cabello, a metros de la ruta que trae del aeropuerto, una planta de tratamiento de líquidos cloacales. El olor lo invade todo. Un aroma que a lo largo de la mañana de ayer se sazonó con las bolsas de comida que el gobierno de Carlos Rovira distribuyó para comprar voluntades a favor de su proyecto de reelección in eterno.

Gente buena, humilde y transpirada la de Villa Cabello. Manos hinchadas vaya a saber por qué. Invitan a sentarse, pero antes limpian el banco de ese meterete polvillo rojo de tierra misionera que lo invade todo.

-Aquí nos traen comida… nosotros agarramos… pero en otras partes han dado de todo… bicicletas, planchas… de todo- dice Emilia. Total, cada uno votará como quiere- remata esta chaqueña joven que luce un batón de abuela.

Adolfo Vázquez tiene el rostro imbuido de serenidad propia de Buda. Peronista. Es uno de los arquitectos del opositor Frente Unidos por la Dignidad (FUD) que lidera monseñor Joaquín Piña. Político de raza, Vázquez. Lo demuestra al desmenuzar lo importante de lo aleatorio del momento político que vive Misiones.

De golpe, mira a “Río Negro”:

–   Lo que no entiende Rovira es que la gente es dueña de su voto… cada vez más dueña. ¿O no pasa eso en Río Negro?… Ahí los radicales se han cansado de distribuir, pero cada vez les cuesta más ganar. Y está bien que la gente agarre lo que le entregan… nos votará a nosotros… ¡Rovira tiene miedo, mi amigo… por eso apura con las bolsitas, pero no entiende la hora que vivimos!

Clientelismo sin sutilezas el desplegado por el régimen de Rovira.

Descarnado a lo largo y ancho de la provincia. Se distribuyeron precarias dentaduras postizas. Primero, la parte de arriba. Luego la de abajo, pero si se gana, claro.

¿Puede perder Rovira? Sí.

Le teme a la capital, Posadas. De los 660.000 electores de la provincia, tiene algo más del 30%. Y es el sitio donde más saturación anida por estilos y formas de ejercer el poder por parte de Rovira.

Y Rovira teme más desde que hace varias horas sabe que su amigo Néstor Kirchner lo da perdedor.

Cae la noche sobre Posadas. El calor mata. Reverenciándose directamente en la gente, no se detecta el menor atisbo de proceso electoral.

Sin embargo el domingo se juega mucho aquí. Si gana el “sí” a la reforma de la Constitución, el sistema político misionero comenzará a languidecer.

Si gana el “no”, será la contrapartida.

Y habrá otro gran perdedor: el presidente Néstor Kirchner, quien jugó entero a favor del sueño antidemocrático de Rovira.


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