Viaje al mundo de Céline

A 72 años de su publicación acaba de aparecer en la Argentina una nueva versión de "Viaje al fin de la noche" una de las obras decisivas de la literatura del siglo XX.

BUENOS AIRES, (Télam).- «Rencorosos, dóciles, violados, robados, con las tripas fuera y siempre jodidos (…) Hemos nacidos fieles y así morimos». El autor de esta frase es un médico, físico y viajero francés a quien nadie conoce por su verdadero apellido: Destouches. En cambio, los ambientes literarios y culturales de todo el mundo reconocen su talento magistral como escritor bajo el nombre que eligió para entrar -sin saberlo, entonces- por la puerta grande de la literatura: Louis Ferdinand Céline (1884-1961).

La frase citada pertenece, precisamente, a la obra que lo consagró internacionalmente: «Viaje al fin de la noche», obra protagonizada por Ferdinand Bardamu, un héroe desilusionado y castigado que vive experiencias extremas, siempre al borde del abismo y de la que acaba de aparecer una nueva versión en la Argentina..

Al protagonista de la novela, que obtuvo el prestigioso Premio Renaudout y que acaba de relanzar el sello Edhasa, le toca atravesar todo tipo de contingencias, como ser herido en la Primera Guerra Mundial, enamorarse de una prostituta sin futuro, convertirse en víctima de un trabajo sórdido en las colonias francesas en Africa y luego volver a Francia como médico rural de campesinos miserables.

Céline construyó a lo largo de su obra un universo tragicómico y esperpéntico delirante, en el estricto sentido de la palabra -a la vez mezcla de experiencias propias y ficticias, usando un estilo telegráfico (la llamada «petite musique»), rebosante de molestos puntos suspensivos que cortan el hilo del discurso lógico y obligan al lector a un ímprobo esfuerzo para enterarse de algo de lo que le están contando.

Las reflexiones de «Viaje al fin de la noche» sobre la condición humana son amargas: «Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente revolviendo en su interior la mierda del porvenir. Justos y cobardes que son todos, en el fondo. Es su naturaleza», se lee en el curso de la historia.

Céline (1894-1961) es el arquetipo del escritor maldito y poco conocido fuera de su país: una suerte de «pacifista antisemita» que sirvió en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, viajó por Europa y Africa y estudió medicina tardíamente. El autor sucumbió, junto con un grupo de jóvenes y talentosos intelectuales franceses, a lo que Benito Mussolini llamó «la tentación fascista», en el período que va de la Primera a la Segunda Guerra Mundial. Este «pecado», con variantes, también se dio en Bélgica, Holanda, Noruega, Finlandia, Croacia, Polonia y Hungría. Ninguno de estos países, sin embargo, contó con una congregación de autores tan brillante, trágica y malograda como la de Francia, que tuvo exponentes figuran como Pierre Drieu la Rochelle y Robert Brasillach. Colaborador literario de la Francia ocupada por los nazis, el escritor tuvo que exiliarse en Alemania con los petanistas durante el ocaso del Tercer Reich y luego de ser condenado en su país se refugió en Dinamarca, donde pasó un año en la cárcel.

Lo cierto es que no existe polémica acerca de su talento. Casi todos los prólogos a sus obras incluyen, junto con el repudio a su elección ideológica, las alabanzas al estilo literario: «escritura hablada», «anárquica expresividad», «grafía desquiciada». Entre las etiquetas también hay que incluir «absoluto cinismo», «pesimismo radical», «nihilismo deslumbrante».

Uno de sus adversarios, Jean Paul Sartre, quien antes de convertirse en filósofo existencialista había sido simpatizante comunista, escribe en 1946: «Tal vez Céline sea el único que permanezca de todos nosotros». Etienne Lalou, novelista, cronista de «L'Express» y productor de radio y televisión, dice: «Céline ha restituido al francés hablado sus títulos de nobleza y, sin él, una parte de la literatura moderna no sería lo que es».

Céline falleció en Meudon en 1961, a los 77 años. En algún momento de su vida, escribió: «En este mundo vil, nada es gratuito. Todo se expía: el bien, como el mal, se paga tarde o temprano. El bien mucho más caro, lógicamente».


BUENOS AIRES, (Télam).- "Rencorosos, dóciles, violados, robados, con las tripas fuera y siempre jodidos (...) Hemos nacidos fieles y así morimos". El autor de esta frase es un médico, físico y viajero francés a quien nadie conoce por su verdadero apellido: Destouches. En cambio, los ambientes literarios y culturales de todo el mundo reconocen su talento magistral como escritor bajo el nombre que eligió para entrar -sin saberlo, entonces- por la puerta grande de la literatura: Louis Ferdinand Céline (1884-1961).

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