Viedma volvió a hablar de torturas y la policía está complicada al máximo

El caso descubierto en la Unidad 34 puso sobre el tapete los tormentos en comisarías.



VIEDMA (AV).- La situación de los policías de la comisaría del barrio 20 de Junio se complica cada vez más. El lunes por la noche fueron sorprendidos en una sospechosa actitud con un menor detenido y el perfil de la investigación responde a un caso de extrema gravedad. Tanto es así que ayer no se descartaba que la presión sobre el menor haya rozado técnicas de tortura, un delito que el Código Penal sanciona con ocho años de prisión.

Los trascendidos judiciales de ayer hicieron referencia hasta de la posibilidad que se haya utilizado algún elemento para provocar una descarga eléctrica o sensaciones similares. No se descarta que el arma reglamentaria haya sido, por lo menos exhibida, en el marco de la insistencia policial por dar con un par de zapatillas que había sido denunciado como hurtado. Todo es motivo de investigación y durante la jornada de ayer el juez penal Jorge Bustamante escuchó varios testimonios. Los menores detenidos fueron regresados con sus padres pero el que presuntamente recibió la mayor presión volvió a su casa acompañado por personal de Promoción Familiar, según se supo.

Los dos adolescentes también habrían declarado ayer.

Esta investigación se inició luego que Fabio Igoldi, secretario del juez Bustamante, arribara a la comisaría N 34 del barrio 20 de Junio sin previo aviso ante la comunicación sobre la detención de un menor.

Al ingresar a la dependencia habría observado una situación extraña en el personal, razón que lo habría animado a pasar más allá de la mesa de entrada.

Fue así que habría ingresado a una de las oficinas internas, sorprendiendo a un grupo de policías que tenían tirado en el piso, esposado con las manos hacia atrás y la cabeza cubierta al joven de 15 años que había sido detenido.

Igoldi habría escuchado que entre sollozos el menor habría indicado un lugar donde presuntamente habría escondido las zapatillas que habían sido denunciadas como robadas al igual que un juego.

Eran más de cinco los policías que rodeaban al menor detenido y de acuerdo a lo observado el objetivo de tal procedimiento habría sido recuperar el par de zapatillas y el juego.

Esa actitud policial ya es gravísima pero en la mañana de ayer se habría complicado aún más la situación de los uniformados con algunos testimonios que se habrían recibido y que direccionarían la investigación a una presunta tortura . De ser probado, esto generaría graves responsabilidades y detenciones.

Además trascendió que al otro joven de 16 años que también estaba esposado en otra oficina de la comisaría, en el momento de su detención se le habría arrojado un tipo de gas en aerosol que le provocó vómitos en la dependencia policial.

Por su parte el jefe de la Policía, Rogelio Lardapide, confirmó que se dispuso la suspensión preventiva del comisario de la 34 Enrique Bais; del subcomisario Adalberto Cravotta y del oficial Norberto López, quien se encontraba de servicio en el momento del hecho. En reemplazo de la conducción fue designado como interventor el segundo jefe de la Regional Primera, Laudelino Ferreyra, y al subcomisario Walter Cáceres como segundo jefe.

Lardapide detalló que al margen de las suspensiones preventivas se iniciaron actuaciones administrativas internas para deslindar las responsabilidades “sobre esa actitud que merece ser observada e investigada”. Respecto de los uniformados que se encontraban con el menor esposado, el jefe policial señaló que “se irán tomando las medidas que correspondan conforme lo que se pueda ir constatando en las investigaciones. Por ahora siguen en funciones”.

Mientras Adolfo Pérez Esquivel mantenía una charla sobre Derechos Humanos con los aspirantes de la escuela de Cadetes de la Policía, en el otro extremo de Viedma se allanaba una comisaría por presuntos apremios ilegales y el jefe de la Institución firmaba el desplazamiento de la conducción de una de las tres comisarías de la capital rionegrina.

El premio Nobel de la Paz decidió visitar la provincia en el marco de la incorporación de los derechos humanos como una materia en la carrera de los futuros agentes. De allí que lo sucedido en la 34 haya significado una situación mucho más compleja.

“Hay una mentalidad que la función policial se ha basado en la represión”, dijo el premio Nobel de la Paz en referencia a este tema pero destacó que “en este momento se trata de lograr un cambio a través de la formación policial sobre derechos humanos para que tome otra conciencia y otra paticipación social de servicio a la comunidad”.

Consideró necesario un cambio en la política al indicar que en base a un informe presentado por defensores ante la comisión Nacional de la Memoria que integra junto con Estela de Carlotto “es aterrador lo que sucede en las comisarías. Ha aumentado muchísimo la tortura, se están utilizando métodos que pensábamos que ya estaban dejados de lado como el submarino seco, la picana eléctrica y muchos otros”.

Destacó además que los menores de edad no pueden ser alojados en las comisarías y sin embargo sucede en todo el país tanto como los apremios ilegales.

Pérez Esquivel agregó que trabaja junto con el Consejo Nacional de Minoridad y Familia en un proyecto de ley de Minoridad y destacó que que otro de los problemas que existen son las comisarías sobrecargadas de detenidos tanto como las cárceles y los institutos de menores que “son depósitos humanos”.

Enfatizó que los cambios se logran con capacitación y una modificación de la mentalidad “porque si esto no se cambia por más que haya una Ley no la cumplirá porque está conformado con determinado parámetros de pensamiento que por tener un uniforme y un arma puede hacer cualquier cosa”.

Justamente en el encuentro con los alumnos de la escuela de Cadetes de la Policía en Viedma, Pérez Esquivel, habló sobre el poder. “Cuando se les pone un uniforme y se les da un arma se les da un poder. Cómo regular que no se asuma un abuso, un poder de dominación sino que ese poder este al servicio de la comunidad. Estos son los cambios que hay que producir. Es un proceso educativo, una toma de conciencia crítica y es también todo lo que se puede aportar a la formación”.


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