¡Vieja, nos cortaron el agua!

Por Gerardo Bilardo

No hubo esta semana frase más desacertada e inoportuna que la que pronunció Horacio Quiroga. “Es muy triste llegar a un lugar como Las Grutas y encontrarse con una gran masa de agua, cuando en mi ciudad la gente sufre su ausencia”, dijo el intendente de la ciudad de Neuquén.

La opinión fue desacertada porque el mar ofrece agua salada y cuesta demasiado dinero transformarla para el consumo humano. E inoportuna porque la ciudad que Quiroga gobierna arrastra desde hace tiempo una grave enfermedad: está deshidratada y tiene problemas de presión, de presión de agua.

Por el momento, el intendente de la Alianza no tiene responsabilidad alguna sobre la calidad con que el servicio llega a los usuarios. Pero Quiroga se prepara para recibir este año al Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS), en el contexto de una política de transferencia de la empresa provincial a manos de los municipios. A poco de ocurrir esto, aún no está muy claro si tal medida va a beneficiar a los vecinos de la ciudad.

Francamente, lo que hoy resulta triste es llegar a casa y no tener un poco de agua para eliminar el sudor del cuerpo, un cuerpo que llega agotado al final de la jornada, agredido por un sol calcinante. Despierta bronca e impotencia observar la muerte de las flores de un jardín, el césped sediento y amarillo, un árbol joven luchando por su vida y dos generosos ríos que no tienen la culpa de una infraestructura obsoleta e insuficiente para atender la demanda de 250.000 personas.

Para muchos sufridos vecinos de Neuquén el mar queda muy lejos y el clima de fiesta finalizó el mismo día en que abrieron la canilla y una vez más comprobaron que la red respondió en silencio. ¿Es posible comenzar el 2001 de buen humor en estas condiciones? La respuesta es no, porque verano tras verano se repite el penoso destino de una ciudad que parece condenada a un innecesario sufrimiento.

En tiempos en que para muchos resulta desalentador andar con lo justo en el bolsillo, deprime soportar el fuego de un agobiante día y además estar pendiente de la presión del agua.

El problema que afecta a Neuquén no distingue clases sociales porque abarca a la mayor parte de la ciudad, aunque los barrios más humildes del noroeste suelen ser los que más lo sufren.

Es difícil explicar lo inexplicable. ¿Cómo se le dice a un forastero que acaba de llegar de visita que el agua es escasa en una ciudad rodeada por dos correntosos ríos? Nunca lo comprendería. Y la verdad es que los vecinos tampoco entienden muy bien qué es lo que está pasando.

Generosos en caudal, limpios y aún sobrevivientes al maltrato del hombre, los ríos Limay y Neuquén no tienen la culpa de tanta desdicha.

Las explicaciones oficiales sobre los problemas que se plantean con el servicio del agua cambian según pasan los años. Si nevó poco en el invierno, la culpa es de la naturaleza. Si la lluvia fue escasa en el otoño, el clima es el principal responsable.

Este año las razones que se escucharon fueron bastante más sinceras que las anteriores: funcionarios del EPAS informaron que no hay agua ni presión suficiente porque la red está saturada. Y también dijeron que el sistema se encuentra en tales condiciones porque la población aumentó y las obras de infraestructura no han acompañado el ritmo de crecimiento.

El argumento se relaciona con la historia de Neuquén, una ciudad que no conoce la palabra planificación y que con los años se ha perfeccionado en esa maldita costumbre de poner el carro delante del caballo.

El despilfarro del recurso es otro motivo que alimenta la enfermedad y además revela ausencia de conciencia y de solidaridad. Algunos usos locales deberían ser revisados. Por ejemplo, resulta incomprensible observar a vecinos afortunados abusando del recurso para aplacar el polvo de las calles de tierra.

Tal actitud tampoco la comprendería un visitante. ¿Por qué motivo muchos vecinos recurren a la manguera y al sapito para regar durante horas las piedras de una calle sin asfalto, mientras que en sus jardines no han sembrado ni una sola semilla de césped? Es una pregunta que tiene lógica frente a tanta irracionalidad.

Las autoridades anunciaron un conjunto de obras que representan inversiones cercanas a los veinte millones de pesos para reparar el problema. Son trabajos con los que piensan mejorar la desactualizada red de distribución de agua, pero los primeros resultados comenzarán a notarse recién en el 2002.

A diferencia de lo que alguna vez dijo Alvaro Alsogaray, cuando pronosticó un invierno difícil para el bolsillo de los argentinos, en Neuquén parece que, una vez más, habrá que pasar el verano.

Tal vez dentro de un año la enfermedad no sea tan grave. Una solución sería un buen regalo colectivo para las próximas fiestas. Pero hasta tanto esto no ocurra, seguirá vigente el lamento de los vecinos: ¡Vieja, nos cortaron el agua!


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