Vigente desde siempre



Viene bien para la época del año, aunque debo admitir que para escribir esta columna en particular tuve que meterme en varios sitios de Internet para ver en detalle de qué se trata cada uno.

“Nunca habló de ponchos”, me dijo un lector de los más fieles y es verdad. Forman parte de las costumbres y tradiciones que nos distinguen culturalmente y por qué no decir que también forman parte del folclore, para muchos superado, que subía al escenario con atuendo gaucho y en el hombro el infaltable poncho. Si no, véase cómo vestían Los Fronterizos, Los Cantores del Alba, Los Chalchaleros, los mismos Nocheros en sus comienzos o actualmente Los Tucu Tucu. Atuendo y poncho al hombro eran infaltables en esos grupos, como lo son hoy para El Chaqueño Palavecino.

Debo admitir que en esta franja las opciones en el país son interminables, que la calidad sobresale y que una simple recorrida por las tejedoras o tejedores de varios puntos del país, nos dará la real impresión de verdaderas maravillas de puño argentino. No entraré en el complejo terreno de qué cosa es patrimonio del país y qué cosa no, pero sí intentaré sintéticamente decir cómo son, de dónde y sus características.

Recuerdo que cuando vino el Papa a la Argentina, las tejedoras de Belén, en Catamarca, confeccionaron una enorme alfombra que después fue al Vaticano. Dicen que pasado algún tiempo les llegó la opinión del Santo Padre que había quedado maravillado cuando le dijeron que íntegramente se había confeccionado a mano y no había tecnología de por medio.

Salta, Catamarca, Jujuy, Tucumán y Neuquén son algunas de las provincias argentinas donde los ponchos son verdaderas obras de arte, sin desmerecer algunas zonas de Río Negro y otros puntos del país, donde excelentes tejedoras muestran sus mejores habilidades a la hora de confeccionar un poncho.

Y como norteño he tenido la suerte de tener desde los modestos ponchos de lana de oveja hasta los súper livianos de vicuña, en mis manos. Un poncho grande de vicuña, de buena calidad puede pesar unos 800 gramos y abrigar como el mejor. No hace falta que sea pesado para que abrigue. Un tejido muy ajustado con el más fino de los pelos hacen que este poncho sea el más codiciado por argentinos y extranjeros que ven en estas piezas la verdadera calidad. Claro, también es el más caro porque dicen estos artesanos del tejido que es el más complicado.

El poncho es la prenda de vestir gaucha por excelencia, que puede ser confeccionada con lana de distintos orígenes y hasta con tela, que no sólo cumplía muchos años atrás la función de abrigo colocado por el cuello o en una cama como frazada, sino que también colocado en el brazo hacía las veces de escudo para frenar los golpes de cuchillo del enemigo en las peleas donde la vida se ponía en juego sin muchas vueltas.

En el noroeste argentino además de poncho, manta o frazada, lo llaman “pullo”, que quiere decir manta tejida (del término quechua y aymara “p'ullu”)

Esto es apenas una parte de lo que se puede hablar del poncho. Después les contaré a los que no los conocen cuál es el poncho pampa, el salteño y otros más.

Jorge Vergara

jvergara@rionegro.com.ar


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