Vigil, docencia y decencia



El domingo pasado, Sergio Vigil protagonizó su último partido como director técnico del seleccionado de hockey femenino. Fue en Rosario, contra Australia, por el tercer puesto de la Champions Trophy, juego que ganó Argentina 3-2. Pues bien, ¿qué significa la persona de Vigil para el deporte argentino, tras siete años en el cargo?

Los números están de su lado. Bajo su dirección técnica, Las Leonas ganaron los Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en 1998; la Copa América de Jamaica, en 2001 y la Champions Trophy, en Amstelveen, Holanda, el mismo año; el Mundial, en Perth, Australia, en 2002; el Sudamericano de Chile y los Panamericanos de Santo Domingo, en 2003; y la Copa América, este año. Además fueron medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 y en la Champions Trophy d Macao, China; y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas y la Champions Trophy en Rosario, ambas este año. Hasta aquí, el exitismo.

Pero Vigil es mucho más que aquello. Con su trabajo transformó a un grupo de jugadoras con un potencial enorme en deportistas de elite. Tarea nada sencilla tratándose de un deporte amateur.

Por caso, Luciana Aymar, elegida dos veces mejor jugadora del mundo por la Federación Internacional de Hockey, en 2001 y 2004. La rosarina ya era una gran jugadora antes de llegar a la selección, pero fue a partir de su trabajo con Vigil que se transformó en una deportista de elite. Condición que va mucho más allá de jugar bien.

Vigil dignificó a su seleccionado y con ello a todo el hockey. Más aún , su trabajo también fue captado por otros deportes, entre ellos el fútbol -nada menos- a partir del acercamiento de Marcelo Bielsa durante los juegos de Atenas.

Vigil ya no está más. Pero su trabajo no se diluirá. Las jugadoras son la mayor garantía.

Juan Mocciaro

jmocciaro@rionegro.com.ar


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