Villepin, en el ojo de la tormenta tras masiva protesta

El primer ministro francés insiste con su proyecto laboral.



El primer ministro francés, Dominique de Villepin, se encuentra en el ojo de la tormenta a causa de una crisis, de solución incierta, desatada por un nuevo contrato laboral para jóvenes que podría asestar un golpe fatal a sus aspiraciones presidenciales y fragilizar al presidente Jacques Chirac.

Pese a las presiones, Villepin descartó la retirada del nuevo contrato laboral para los jóvenes, al tiempo que lamentó la “incomprensión” que ha causado, en una entrevista con la revista mensual Citato realizada este domingo.

Los sindicatos, respaldados por la masiva participación en las manifestaciones del sábado, que según ellos congregaron a millón y medio de personas, hicieron ayer un llamamiento al gobierno y al jefe del Estado para que se retire el Contrato Primer Empleo (CPE).

“Si mañana (por hoy) no es retirado, los sectores sociales movilizados contra la ley convocarán a una huelga general en los próximos días”, anunció el secretario general de la CGT, el sindicato de izquierda, Bernard Thibault, en declaraciones a radio France Inter.

“Estamos pensando en convocar una jornada de paro laboral nacional si el Gobierno persiste” en mantener el Contrato Primer Empleo (CPE), agregó Thibault.

La verdad es que el alcance de la movilización del sábado ha intensificado la presión que recae sobre los hombros de Villepin, de 52 años, quien se niega a ceder y retirar el CPE, un contrato laboral para menores de 26 años que autoriza el despido sin explicación alguna del trabajador durante un período de dos años. Y es que este alto funcionario, de aspecto altivo y gran admirador de Bonaparte, se ha propuesto convencer a los franceses de que el CPE reducirá el desempleo.

Pero las manifestaciones en cadena, la amenaza de una huelga general y el masivo rechazo del CPE entre la población -con un 68% de franceses en contra, según los sondeos- debilitan cada día algo más la posición del primer ministro, cuando no hace ni diez meses que fue designado en el cargo.

Además, el apoyo de los diputados del partido Unión por un Movimiento Popular (UMP, derecha en el poder en Francia) es más por obligación que otra cosa, en medio de una creciente preo

cupación por las repercusiones de esta crisis en las elecciones presidenciales de 2007.

Las críticas tácitas provienen de los partidarios del ministro del Interior Nicolas Sarkozy, rival de Dominique de Villepin en esos comicios de 2007. “El capitán ha hecho una elección un poco aventurada, pero nos solidarizamos”, explicaba Patrick Devedjian, un diputado pro-Sarkozy.

Sus detractores le reprochan a Villepin el haber dejado de lado la concertación con los sindicatos y haber impuesto a los diputados la adopción de un CPE que ni siquiera convence completamente a la patronal.

Lo que sí ha conseguido el CPE es formar un frente común entre sindicatos y movimientos estudiantiles que tan sólo se logró en una ocasión, en 1994, desde la revuelta estudiantil de Mayo de 68. La crisis del CPE afecta también, de rebote, a Chirac, quien se ha visto obligado a salir a la palestra para defender a su primer ministro, pero, ante todo, para pedir un diálogo “lo antes posible”.

La cuestión ahora consiste en saber hasta dónde está dispuesto a brindar su apoyo a su leal lugarteniente, con quien compartió toda clase de pruebas políticas en los últimos años.


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