Visibilidad

Redacción

Por Redacción





Hace unos dos meses, el ministro de Desarrollo Territorial, Leandro Bertoya, recibió “in voce” un detalle de los conflictos potenciales que podían complicar la temporada de invierno en San Martín de los Andes. Pasado ese tiempo, la ciudad y su centro de esquí ya soportaron tres piquetes, dos protagonizados en simultáneo por comunidades mapuches, y un tercero por empleados del casino. Ambos conflictos tienen por telón de fondo a dos concesiones provinciales y, aunque en contextos diferentes, las demandas atraviesan resortes del gobierno. La actual Nieves del Chapelco tiene poco que ver con los históricos reclamos territoriales de las comunidades, aunque será un actor principalísimo cuando se discutan aspectos del desarrollo del cerro Chapelco, que involucrarán tanto a los mapuches como a los sanmartinenses. Por su parte, los capitales próximos al kirchnerismo que detentan la concesión del provincial del Casino Magic tienen escasa relación con San Martín, como no sea pagar un canon por la sala al municipio. Los mapuches demandan mensuras y títulos de propiedad. Hicieron un bloqueo al estacionamiento del cerro pero en sus propias tierras, que abarcan el corazón de la concesión. La medida de los empleados del casino fue sobre el acceso a la Ruta 234 que hay que tomar para ascender a Chapelco, pero sus reclamos no tienen relación con el cerro. Son producto de un conflicto entre patronal y empleados. Como se ve, uno y otro suceso tienen poco y nada que ver entre sí, pero ambos provocaron similar efecto: el inmenso fastidio de las víctimas ajenas a sendos líos. Luego, tienen en común la necesidad de hacer visibles los planteos. A esos efectos, Chapelco es como un faro en la oscura tormenta. A un mes del inicio de la temporada de invierno, el cerro recibió más de 85.000 visitantes, y la ocupación en la ciudad superó el 90 %. Toda medida que ponga en riesgo semejante performance de seguro será tapa de diarios. Desde la perspectiva de quienes ejecutan los piquetes -incluso cuando se conduelan por las molestias- es irrelevante el enojo provocado, puesto que lo que persiguen no es formar un club de amigos sino exhibir conflictos que de otro modo serían ignorados por el gran público. Sin juzgar la legitimidad de los reclamos, es claro que el método de protesta resulta condenable, largamente cansador y hasta judiciable. Pero ese aserto sería una torpe forma de reduccionismo, si no se asume que la visibilidad buscada es consecuencia de la invisibilidad impuesta. La protesta mapuche fue corolario de años sin definiciones. Aun cuando en esta ocasión la provincia alegue que fueron las comunidades las que cambiaron las reglas del acuerdo de 2008, lo cierto es que el asunto de las tierras de Chapelco lleva 20 años de idas y vueltas. De momento, el fiscal de Estado, Raúl Gaitán, parece decidido a poner las cosas en cauce con las comunidades, y coordina las negociaciones junto al secretario municipal de Turismo, Salvador Vellido. Se verá si hay avances concretos. A su turno, el piquete de los empleados del casino fue en cierto modo grotesco: veinte personas ateridas cortaban una ruta impidiéndole el paso a miles. Del otro lado, muchos mascaban bronca a bordo calefaccionadas 4×4, y otros eran laborantes desencajados, ganándose el jornal al volante de las combis turísticas. Pero los empleados del casino también venían de varios meses de pedir al poder político que intercediera ante el silencio de la concesionaria del juego, para que renegociara convenios. Apenas cuatro horas después de iniciado el piquete y con la bronca in crescendo, se declaró la conciliación obligatoria (la empresa ya desoyó el primer llamado). Como en otros asuntos que involucran decisiones de gobierno, cabe preguntarse por qué no se hizo antes.

semana en san martín

fernando bravo rionegro@smandes.com.ar


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