¡Viva Neuquén!

JORGE GADANO jagadano@yahoo.com.ar

Los concejales de la capital neuquina electos por la Unión de los Neuquinos (Une), imbuidos del culto a lo local, presentaron en el Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza que privilegia a los artistas “locales” contra los forasteros, sean éstos pampeanos, chubutenses, chilenos, nigerianos o kazajos. En el artículo primero del proyecto se establece que “las producciones culturales, artísticas y de espectáculos públicos que se desarrollen en dependencias municipales o que sean solventadas en todo o en parte por el Estado municipal comprenderán obligatoriamente, como mínimo, en un 50 por ciento las producciones de artistas locales y regionales, conforme a lo establecido en el artículo tercero de esta ordenanza”. Este artículo determina que locales son los de la ciudad de Neuquén y regionales los restantes neuquinos y los rionegrinos. Es decir que vale tanto uno de Centenario como uno de Viedma o Guardia Mitre. Y, sea el artista local, regional o de fama mundial, debe tener domicilio real en la ciudad de Neuquén durante, por lo menos, un año antes de la contratación. En los artículos quinto y noveno el proyecto lanza una descarga misilística contra el Museo Nacional del Bellas Artes de Neuquén: dicen esos artículos que las normas de la ordenanza deben aplicarse a ese museo y que todos los años, en el mes aniversario de la ciudad, deberá hacerse en ese mismo museo “una muestra plástica de los artistas de nuestra ciudad” (se refiere a una muestra de los artistas plásticos). Habría, al respecto, un par de preguntas. La primera: ¿puede una autoridad municipal imponer normas a un museo nacional? Y la segunda: ¿por qué la muestra debe ser sólo de artistas plásticos de “nuestra ciudad”? A esta segunda no tengo respuesta. En cuanto a la primera, creo que se relaciona con que el director del museo es Oscar Smoljan quien, aun teniendo ya más de un año de residencia en Neuquén (es local), es objetado por “elitista”. Hay otros interrogantes de mucho mayor importancia que no están resueltos, ni siquiera insinuados, en el proyecto. Sabemos que sus autores piensan que la palabra “cultura” tiene un significado mucho más abarcativo que el solamente ceñido al arte y la literatura. En el lenguaje actual es muy común hablar de “la cultura del trabajo”. Pero el texto sólo se refiere a los “artistas”. Tampoco se intenta definir al “artista” merecedor del porcentaje. Por cierto que nadie admitiría que lo merezca el autor de un mamarracho sólo porque vive desde hace 50 años en avenida Argentina 1 de la ciudad de Neuquén. Al respecto, en los considerandos de la iniciativa se dan algunas pistas cuando, por ejemplo, se mencionan los montos que el local debe percibir (relacionados con los salarios de los trabajadores municipales). También, en el párrafo que sigue, se alude a la necesidad de prever “la situación de los artistas que por ser debutantes o no tener aún demasiada actividad profesional no están inscriptos ante los organismos oficiales ni son proveedores del Estado, permitiendo que en estos casos la contratación se haga a través de las organizaciones que los nuclean”. Son pistas que no alcanzan. No existe un registro de artistas. Se podrían tener como tales las constancias de los que han facturado a organismos municipales. Los que no entran en esa lista podrán ser representados por “las organizaciones que los nuclean”. Pero seguramente no son pocos los que no están en ninguna organización y, por lo demás, habrían que preguntarse si el municipio tiene un registro de esas organizaciones. Más preguntas: los artesanos que exponen en el espacio municipal de la avenida Argentina, ¿son admitidos como artistas? ¿Están agrupados en alguna organización? Hay algunos otros vacíos legales que, se dirá, podrían ser salvados por un decreto reglamentario. Pero es claro para cualquiera que si la ordenanza no define al artista mal puede hacerlo la reglamentación (cuya redacción, ojo, puede quedar en manos de Smoljan). A pesar de que comúnmente se separa el arte de la literatura, cualquiera sabe que la literatura es un arte. El arte que se ejerce por medio de las palabras, según la Real Academia Española. No, por cierto, el de los escribanos, pero sí el de los poetas. Y el caso es que los literatos parecen no estar entre los beneficiarios del 50 por ciento, que parecen ser únicamente los cantores, músicos, actores, cineastas, bailarines, titiriteros, malabaristas y payasos. Por eso es que Alejandro Finzi no figura aunque, por su mérito y afortunadamente, él ha sabido ganarse mucho más del 50 por ciento sin necesidad de que el Estado se lo reconozca. Hasta aquí el proyecto fuera de contexto. Porque, si uno sacude la alfombra de palabras tejida por esta nota, es posible reconocer por debajo las intenciones de la Une –legítimas, faltaba más– de heredar el caudal político que pertenece a don Felipe (Sapag, por si fuera necesario aclararlo para algún turista, porque en esta provincia decir don Felipe basta para nombrar al que la gobernó hasta que se cansó). Es por eso que, como don Felipe es el padre, madre, partero y tutor de esta provincia y de la “neuquenidad”, la política de poner “al” Neuquén por encima de todo es comprensible. Parafraseando al General (ya se sabe cuál) autor de aquella consigna que hoy pertenece a un remoto pasado y que decía que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, en esta “tierra nueva” –que, sin desmentir a nadie, tiene cierto olor a la vieja que se ha repartido entre los amigos– para un neuquino no debe haber nada mejor que otro neuquino, sea un nacido y criado o, al menos, alguien con un mínimo de un año de residencia. De modo que, para decirlo con todas las letras –de esas que hacen la literatura– si uno quiere ganarle al MPN debe sacarle una buena tajada y hacerla propia.

QUé QUIERE QUE LE DIGA


JORGE GADANO jagadano@yahoo.com.ar

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