Voy + Travesías

Cuatro claves para esquiar sin límites en la frontera con Chile

Para hacer esquí de montaña hay que saber moverse sobre las tablas pero también elegir bien por dónde ir. Un experimentado guía describe una experiencia en el cerro Mirador, cerca del Paso Samoré.

05 ago 2018 - 00:00

Un mojón que de un lado dice Chile y del otro Argentina es la señal perfecta para detener el ascenso y comenzar a deslizarse por una pendiente de nieve virgen y laderas suaves, aptas para esquiadores de nivel intermedio. Son descensos de unos cinco minutos que se pueden alargar si las curvas se hacen más pronunciadas. Cuando se termina el declive no hay nada mejor que darse vuelta y observar los surcos que han dejado las tablas en la montaña. Mirar hacia arriba y elegir el lugar para volver a tirarse es lo que sigue. Para eso hay que trepar otra vez durante unos 20 minutos y repetir la experiencia, tantas veces como se quiera. Así fue la jornada de dos esquiadores de nivel intermedio que recorrieron la zona acompañados por un guía, una semana atrás.

El comienzo

Lo primero es llegar hasta el paso Cardenal Samoré por la Ruta Nacional 231 y hacer aduana del lado argentino. Pero antes de ingresar a Chile hay que estacionar el vehículo y prepararse para empezar a subir el cerro Mirador. Con una gran ventaja: ya hay nieve.

Allí el guía describe cómo funciona el ARVA, un dispositivo de emergencia que emite una señal para avisar de la posición exacta bajo la nieve en caso de avalancha, que se suma a la explicación del uso de la pala y la sonda como elementos de seguridad.

“El esquí de montaña fusiona al montañista y al esquiador. Porque tenés que saber esquiar y tenés que saber moverte en la montaña, hacer la lectura, saber cómo está la nieve, si tengo que usar grampones o piqueta, salir al terreno y detectar si es mejor ir por las aristas (filos) o por el fondo del valle, chequear el pronóstico, la temperatura y en base a todo eso elegir por dónde ir”, señala Luis Fabra, guía de montaña y esquí de la AAGM, socio 307.

Riesgos

“La nieve es sinónimo de peligro. Y el riesgo de avalancha, el gran temor. Como la montaña te da indicios, tenemos procedimientos que seguimos para testear la nieve y detectar si el riesgo es alto, medio o bajo. En Europa y los Estados Unidos tienen un boletín que indica cómo están las montañas. Acá no. Por eso tenemos un protocolo que seguir”, afirma el guía.

“Es una actividad en desarrollo, que tomó impulso hace unos dos años, cuando la Fasa (Federación Argentina de Ski y Andinismo) organizó carreras homologadas. La difusión de las imágenes ayudó a que más gente se entusiasmara”, cuenta Luis.

La propia Fasa señala que esta disciplina del alpinismo invernal que consiste en el ascenso y descenso de montañas con la única ayuda de los esquíes, sin ninguna propulsión mecánica, es uno de los deportes más completos. “Requiere habilidad para ascender con los esquíes, desplazarse en el llano y descender en todo tipo de nieves y pendientes, además de conocimiento sobre la montaña invernal, sus peligros y dificultades”, explica la federación en su página web.

Equipo

Lo mejor es utilizar esquíes de travesía, ya que son mucho más livianos que los convencionales, que de todos modos también se pueden utilizar, asegura el guía. “Las fijaciones tienen que liberar el talón, el pie pivotea sobre la puntera”, agrega Fabra.

En cuanto a las botas, lo ideal es calzarse las de travesía, también más livianas que las tradicionales, que como los esquíes se pueden utilizar, siempre que permita un movimiento de tobillo. De todos modos, las de travesía tienen una ventaja adicional: disponen de un sistema que permiten pasarlas de modo caminata a modo esquí. Y con suela de goma, son aptas para caminar sobre las piedras, amplía el guía.

Es posible alquilar el equipo completo de travesía (esquíes, botas, pieles que se fijan con pegamento y bastones) a partir de 800 pesos).

En cuanto a la ropa, al tratarse de un ejercicio aeróbico, se usa menos abrigo que en los centros de esquí, ya que no hay que protegerse del frío en una posición estática en los medios de elevación sino estar siempre en movimiento. El concepto es el de las capas: remera, polar fino, campera rompeviento, para ir liberándose de alguna de ellas a medida que pasa la jornada.

En el caso de la experiencia de los dos esquiadores en el cerro Mirador, no hubo necesidad de sacarse nada, ya que la sensación térmica llegó a ser de 10 grados bajo cero, con viento del este. El cielo estaba despejado y dejaba ver los picos cercanos, entre ellos los volcanes chilenos.

Estocadas

“Vas ladeando el cerro hasta llegar a un portezuelo donde está el hito, un lugar bajo entre dos puntos altos. Avanzás con pequeñas estocadas, elevando el talón. En cuestión de minutos se incorpora el movimiento, que para los esquiadores resulta natural”, señala Luis Fabra.

Una vez en el mojón, ya se puede bajar en ese increíble fuera de pista, por laderas suaves aptas incluso para un principiante en un descenso de unos 10 minutos. A los de nivel intermedio les resulta más sencillo que a los novatos tirarse y volver a trepar para tirarse otra vez. Pero si se buscan pendientes con mayor declive, hay que avanzar unos 40 minutos más, aunque ya se requiere de un nivel experto de esquí. No hay que olvidar llevar una mochila de cuatro litros, con vianda y bebidas para elegir el mejor lugar para almorzar en las alturas.

¿Cuánto cuesta?
$ 2.900
La excursión desde San Martín (120 km en 4x4). Incluye seguro, traslado, guiada y elementos de seguridad.
Desde el cerro Mirador la vista 360 es impresionante, con picos nevados y volcanes del otro lado de la frontera.
“Fusiona al esquiador y al montañista. Porque tenés que saber esquiar, y tenés que saber moverte en la montaña”.
Luis Fabra, guía de montaña y esquí de la AAGM, socio 307.
corresponsalía

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