Wallenberg



Desde 1945 existe gran incertidumbre acerca de cuáles fueron las circunstancias concretas que causaron la muerte de uno de los más grandes héroes de la Segunda Guerra Mundial, el recordado diplomático sueco Raoul Wallenberg, quien –desde Hungría y con riesgo de vida– se dedicara eficazmente a salvar a miles de judíos de la muerte segura en las aberrantes cámaras de gas nazis, para lo cual –entre otras cosas– les entregaba salvoconductos y hasta pasaportes suecos, falsificados. Corriendo, claro está, los riesgos consiguientes.

La creencia prevaleciente es que, al finalizar el conflicto bélico, el diplomático sueco fue arrestado en las calles de Budapest por agentes de la Unión Soviética y –de inmediato– llevado detenido a Moscú, donde finalmente fue silenciosamente ejecutado, presuntamente por órdenes del propio Stalin implementadas a través de su canciller, Vyacheslav Molotov.

Hay quienes, en cambio, afirman desde 1957 que Raoul Wallenberg murió preso, pero de un ataque cardíaco, cuando tenía 34 años, en julio de 1947. Muchos creen que esta última explicación, sostenida en su momento por el propio Kremlin, sólo procura disimular la verdad y esconder el verdadero y trágico final del héroe sueco.

El diario “New York Times” acaba de publicar una información que parecería confirmar la tesis del cobarde asesinato de Wallenberg. En efecto, entre la información recientemente encontrada que apareciera escondida, hace años, en valijas que estaban ocultas entre las paredes de la “dacha” de un exjefe de los servicios secretos soviéticos desde 1954 a 1958: Ivan A. Serov, hay menciones importantes vinculadas con la muerte del diplomático sueco.

Ocurre que allí se encuentra una afirmación del aludido Serov, en el sentido de que “no tiene dudas que Wallenberg fue liquidado en 1947”. Y de que su cuerpo fue luego cremado. Así como la de haber leído alguna vez su “legajo individual”, el del prisionero.

Esto parecería ciertamente convalidar las fuertes sospechas que antes señaláramos, que sugieren el asesinato en prisión del valiente aristócrata sueco. Ello está incluido en un libro reciente que contiene las memorias del mencionado Serov, aparecido en Moscú en junio pasado.

Frente a la evidencia de una sistemática destrucción de los antecedentes soviéticos vinculados con Raoul Wallenberg, maniobra que fuera comprobada más allá de toda duda a la caída del imperio soviético, en 1991, las sospechas crecen, mucho más aún.

Los herederos de Wallenberg han solicitado a las autoridades de la Federación Rusa copias de los documentos que aparecen específicamente mencionados en el libro sobre la vida de Serov, así como han entregado un listado de 33 páginas de preguntas y pedidos de información sobre Raoul Wallenberg, que aún no ha sido contestado.

La hidalguía de Wallenberg merece por cierto que se conozca cuál fue efectivamente su final y las razones y circunstancias reales de su muerte.

*Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

La hidalguía de Wallenberg merece que se conozca cuál fue efectivamente su final y las razones y circunstancias reales de su muerte.

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La hidalguía de Wallenberg merece que se conozca cuál fue efectivamente su final y las razones y circunstancias reales de su muerte.

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