¿Y las secuelas? 

Por Lisa Baertlein



Elián González, el niño cubano sobreviviente de un naufragio y arrastrado a una batalla por su custodia, podría sufrir las secuelas de la experiencia por el resto de su vida. Así opinan los expertos.

El niño, “nuestro Elián” para quienes se disputan su custodia de cada lado del estrecho de la Florida, emprendió en noviembre un fatídico viaje por el océano Atlántico con su madre, el novio de ésta y un grupo de cubanos hacia “Yuma”, el término con que se describe coloquialmente a Estados Unidos en Cuba.

La embarcación naufragó y la madre de Elián se ahogó junto con otros 10 miembros del grupo. Pero el niño fue rescatado por pescadores el 25 de noviembre, después de haber pasado 48 horas en altamar aferrado a la cámara de un neumático.

“Elián ha estado expuesto a múltiples traumas y sigue siendo expuesto a traumas”, dice Jon Shaw, psiquiatra de la Universidad de Miami, a la cadena de televisión CNN. Cumplió seis años en diciembre y es el centro de una disputa por su custodia entre sus parientes lejanos de Miami, que quieren que el niño viva en “libertad” en Estados Unidos, y su padre, que quiere que regrese a Cuba.

Hubo una fiesta de cumpleaños en Miami, y una torta, también, en Cuba, donde el presidente Fidel Castro acusó a los exiliados cubanos en Miami de tratar de comprar al niño con chucherías y lanzó una cruzada nacional para repatriarlo.

El niño se convirtió en un hijo “adoptivo” para su prima Marisleysis, de 21 años; un peón político para muchos y un niño milagroso para otros, que ven una señal religiosa en el hecho de que sobrevivió en el océano y en los delfines que supuestamente lo protegieron en las aguas.

“No importa a dónde vaya, será perjudicial”, advierte Robert Butterworth, un psicólogo de Los Angeles especializado en traumas infantiles.

El pequeño cambió su escuela pública en Cuba, donde los niños son “pioneros”, por una escuela privada en “La Pequeña Habana”, corazón de la comunidad cubana en el exilio y donde sus clases incluyen lecciones sobre los valores estadounidenses. En enero tuvo una reunión con su vida pasada, un breve pero tenso encuentro con sus abuelas de Cuba en la casa de una monja en Miami.

Elián, cuyo nombre proviene de las primeras tres letras del nombre de su fallecida madre, Elizabeth, y las dos últimas del de su padre, Juan, era un buen estudiante que dividía su tiempo entre las casas de sus padres divorciados en la localidad de Cárdenas. La duda es a partir de ahora.

(Reuters) 


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