¿Y para qué?
Zapala
El interrogante forma parte del folclore nacional (folclore con “c”) consagrado por un relato del gran Luis Landriscina. El relato de la economía ortodoxa lleva al mismo final, pero no tiene nada de divertido, y espero que tampoco se instale como costumbrista.
Viene siendo así: si usted no tiene trabajo o el que tiene no le alcanza, es porque las conquistas sociales y laborales encarecen los productos causando inflación y el trabajo es escaso porque es muy caro.
La solución es eliminar esas conquistas, entonces el trabajo es más barato y hay trabajo para todos, y al desaparecer esos costos todo será más barato y también desaparecerá la inflación. Por supuesto que semejantes situaciones no ocurrieron nunca, no se avizoran en el presente y no ocurrirán en el futuro.
La propuesta es: renuncien a lo que consiguieron. Para que vengan empresarios a invertir. Para que den trabajo por sueldos miserables, sin obra social y pagándose cada cual su “jubilación”. Para que todos tengan esos trabajos como los recordados “tigres asiáticos”, de extraordinario desarrollo con trabajadores pagados por un puñado de arroz. Para que cuando el país se desarrolle maravillosamente la riqueza de las empresas se “derrame” sobre todos. Para que ahí se puedan negociar, quizás, condiciones de vida y de trabajo no tan malas.
Como en el relato del maestro, hay que hacer un montón de cosas que no hay que hacer, para llegar -algún día tal vez- a estar bastante peor que ahora pero no tanto.
Para hacer todo eso hay que renunciar a la educación y la salud pública, total los que no comen no serán buenos estudiantes y se morirán lo mismo aun con asistencia médica. Hay que achicar el “gasto público” (que no es inversión) para que vengan empresarios a explotarnos como ocurre en otros lugares del mundo, si es que no les conviene seguir allí donde ahora medran. ¿Y para qué?
Julián Álvarez
DNI 7.574.027